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Unidad de la raza humana
Octavi Pereña
La entrevista que Lluís Amiguet le hace Michael Sandel, profesor de ética en Harvard (La Vanguardia, 15-05-2010), se merece una lectura atenta porque aporta mucha luz sobre las causas que provocan el caótico panorama político y social actual. El profesor Sandel es judío y esto me hace pensar que su filosofía ética está basada en las enseñanzas bíblicas que recorren el Antiguo Testamento de principio a fin, que es la parte de la Biblia que reconocen los judíos.
El Antiguo Testamento enseña la unidad de la raza humana que procede de un progenitor común: Adán. Lo que el profesor Sandel dice refiriéndose a España no habrá gustado a los nacionalistas españoles: “Estamos llegando a la médula del asunto: la justicia. Y siempre duele. Le está doliendo. Y, si, es usted responsable moral de los actos de sus antepasados. También de Colón”. Esta responsabilidad moral nos acerca a hechos más recientes: la descolonización del Sahara todavía no finalizada y, no vale desviar la mirada. Si somos una democracia, somos responsables en parte de las decisiones de nuestros presidentes aún cuando no los hayamos votado. La decisión de ir a Irak todavía colea. Una cosa que nos toca todavía más de cerca son los crímenes cometidos por ambos bandos en nuestra guerra civil. Da mucho miedo investigar responsabilidades. Si en verdad se desea consolidar la democracia adquirida que se tambalea, debe hacerse dicha investigación hasta sus últimas consecuencias.
El desbarajuste actual en buena parte lo han preparado nuestros antepasados. Se da una corresponsabilidad de generaciones. Esta corresponsabilidad de generaciones la asume en su máxima amplitud, desde el aspecto humano, Nehemías, un deportado judío que ejercía de copero en la corte del rey Artajerjes. Nehemías estaba preocupado por las pésimas condiciones en que se encontraban los judíos en Judea. Algunos hombres procedentes de Jerusalén le llevan noticias de la gravedad de la situación. Fruto de las malas noticias recibidas Nehemías ora de esta manera a su Dios: “Te ruego, oh Señor Dios de los cielos, fuerte, grande y terrible, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos; está ahora atento tu oído y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo, que hago ahora delante de ti día y noche, por los hijos de Israel tus siervos, y confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos cometido contra ti, sí yo y la casa de mi padre hemos pecado. En extremos nos hemos corrompido contra ti, y no hemos guardado los mandamientos, estatutos y preceptos que diste a Moisés tu siervo” (Nehemías 1:5-7).
Desde Moisés, el fundador de Israel como nación, hasta Nehemías han transcurrido unos 1200 años. Para nosotros es mucho tiempo. Nehemías no elude su corresponsabilidad por la tragedia que azota a Israel. Desde los tiempos de Moisés hasta la deportación a Babilonia los israelitas fueron desobedientes a la ley de su Dios. Nehemías, a pesar que fue un hombre fiel al Dios de Israel se incluye en la desobediencia de generaciones cuando escribe: “Sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado. En extremos nos hemos corrompido contra ti, y no hemos guardado los mandamientos, estatutos y receptos que diste a Moisés tu siervo”.
Jesús, menciona el asesinato del sacerdote Zacarías por el rey Joaix porque denunciaba las transgresiones que se hacía a la ley de Dios. En el relato se ve claramente la responsabilidad de los judíos de su tiempo con los de 600 años antes, cuando se produjo el homicidio: “Por eso la sabiduría de Dios también dijo: Les enviaré profetas y apóstoles, y de ellos a unos matarán y a otros perseguirán, para que se demande de esta generación la sangre de todos los profetas que se ha derramado desde la fundación del mundo, desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, que murió entre el altar y el templo, sí, os digo que será demandada de esta generación” (Lucas 11:49-51).
Al ser consciente Nehemías de su parte de culpa de la situación degradada en que se encontraba su pueblo, puede seguir el consejo que siglos más tarde daría Jesús refiriéndose a quitarse la viga de su ojo para así intentar quitar la paja del ojo de su pueblo. Es la máxima identificación que alguien puede conseguir con otra persona o colectivo. ¿Somos conscientes de la ruina de nuestra nación? Quiera el Señor despertar en nosotros la corresponsabilidad por lo que hace la pésima situación en que se encuentra nuestro pueblo.
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