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San Ceferino, un buen destino
Nieves Fernández
En educación, tal como se plantea el nuevo curso y por lo que pueda pasar, se puede hacer una llamada a los santos, quién lo diría, a juzgar por lo difícil que resulta ahora emparejar a santos con escuela y tradición, pero hora es de encomendarse a un santo, en este caso a San Ceferino, dado que el próximo 26 de agosto, día de los Ceferinos, muchos profesores, cientos, miles quizá de cada una de las diferentes especialidades conocerán el lugar donde vivirán y ejercerán durante todo el curso en Castilla-La Mancha.
San Ceferino, antiguo Papa, muerto en el año 217, y según los eruditos de la época, acusado de escasa formación teológica, puede ayudar a interceder en esta lotería de agosto, que nunca se va de vacaciones ni con alumnos ni con profesores, porque si no, no estaría todo preparado o casi preparado para la vuelta a las aulas. Es ésta una lotería justa para unos e injusta para casi todos, en la que se reparten destinos cada año en honor a la interinidad que cada año se debe renovar, cosa que no ocurre en ningún otro puesto de trabajo de cualquiera comunidad autónoma; los destinos se actualizan en cada curso y en fechas distintas, por lo que todo el santoral de verano, tanto de julio, agosto y septiembre, puede ser interpelado para proteger el futuro del docente.
Quiero esto decir que si un médico o un auxiliar administrativo, por poner dos ejemplos, han tomado posesión de una interinidad en un momento dado y para siempre, el profesor o maestro lo hará igualmente pero en cada verano, más o menos por San Ceferino, los numeritos y otros aspectos darán vueltas y vueltas en el bombo del bingo, a ritmo del tiovivo de las ferias de los pueblos adonde podrán ir a escuelas e institutos con un poco de suerte.
A San Ceferino se le pide este año al menos un destino, porque con los recortes anti-crisis puede que ni llegue a darlo, y ya que se pone el buen y antiguo santo, pues que haga un buen reparto, cerca de casa o de donde el profe en cuestión quiera impartir sus clases y que si le gusta el sitio pues que le dejen estar allí unos cuantos años, para no volverse loco en cada estío mirando listas de otras fechas y santos a quien implorar un lugar y un buen trabajo.
San Ceferino, San Ceferino, dales un buen destino, y luego que los jóvenes estudiantes se apliquen al trimestre, estudien en libro o en ordenador como es su obligación, que no es fácil conducir decenas de kilómetros o cientos, o cambiar casa en el otoño de cada año, cargados con familia, mascota y suegra, además de otras muchas circunstancias, incluso hacerte ilusiones y coger cariño a pueblos, centros, alumnos, compañeros y al año siguiente cambiar el chip, para al año siguiente el chip se cambia, y otra vez se cambia.
Ay, San Juan Crisóstomo, del 11 de septiembre, que hará definitivo lo que San Ceferino nos ofrece como provisional. San Juan Crisóstomo, padre de la iglesia de Oriente, mejor teólogo y abogado de los necesitados y de los pobres, que allá por 347 en Siria ya estuvo en contra de los abusos de los poderosos, ayúdales también, y entrégales una credencial buena que puedan mostrar en el centro con ilusión y gracia. San Juan Crisóstomo, San Juan Crisóstomo, ¿dime, adónde voy y cómo?
Y si ni con San Ceferino ni con San Juan Crisóstomo hay suerte, a los que no puedan conseguir vacante alguna para esa fecha, les sugiero se encomienden también a San Mateo, apóstol él y evangelista, quien a partir del 21 de septiembre con todo su poder podrá ayudar a conseguir una sustitución o incluso vacante de última hora, digna de ser solicitada a todos sus compañeros los santos.
Pero no hace falta llegar a esos extremos del curso y calendario, vamos, digo yo, estando ahí primero San Ceferino y rimando tan bien como rima, pues que reparta el mejor destino.
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