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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Hombres invisibles

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 23 de agosto de 2010, 04:14 h (CET)
El azar desfavorable y la tacañería de la diosa Fortuna, no parecen entidades suficientes para explicar los desaguisados de turno. Si a ellos achacamos todos los males, suena a excusa burda.

Un destino se cierne sobre cada escrito, escribió Ortega y Gasset. Por que cada texto nos aporta recuerdos y conocimientos, al leerlo activa la participación de quienes se acercan a sus líneas, con la consiguiente proyección hacia nuevas imaginaciones. Son influencias inagotables. Las influencias de cada párrafo se ramifican sin limitaciones. La lectura amplifica el contenido original del escrito y carga las baterías de quienes se acercan al mismo. Las CONEXIONES chispean de mil maneras, en todas las áreas de la vida; de forma desigual, con adaptaciones y rechazos, que de todo surge. La calidad, la fuerza y las influencias de cada escrito no es propicia a unos cánones establecidos con rigidez; estamos ante un ejemplo estupendo de la mejor diversidad.

Se podría pensar en una mayor amplitud del destino y ramificaciones de cada persona; es inequívoca la inmensa complejidad del ser humano, consciente y subconsciente. Sin menosprecio de la fatalidad inesquivable o la fortuna azarosa; la implicación de cada uno en las peculiaridades de su vida y consecuencias de la misma, introduce cambios significativos evidentes por sí mismos. Quiérase o no, tomamos partido por unas acciones o por la pasividad, que es otra opción. Por activa o por pasiva, nos enlazamos con los avatares propios y con las repercusiones provocadas por nuestras decisiones. Si afrontamos un destino incierto, con más sombras que claridades; diremos en consecuencia, que formamos parte de dichas INCÓGNITAS. Cada uno somos un enorme interrogante.

No obstante, las grandes preguntas han perdido adeptos; y sin ellas, habrá menos aproximaciones a las mejores respuestas. Con el agravante de la agitación para la que no damos abasto. Mientras con cierta candidez pensamos que cada cual adoptará una actitud responsable en busaca de la excelencia; detectamos una loca carrera para alcanzar la SALIDA de EMERGENCIA, con el objetivo necio de una evasión, cómplice por lo tanto de las manipulaciones que sobrevengan. Una escapatoria degradante, por la renuncia implícita a la participación digna en los avatares sociales. Un pasotismo incongruente con la tendencia a reclamar soluciones para cualquier evento al que nos enfrentemos.

¿Qué nos solucionen las irregularidades? Si ni siquiera estamos presentes, ¿Cómo van a tenernos en cuenta? La política, la sanidad, la justicia o la religión, pasarán a ser entes ajenos; sólo nos quedará el recurso de adaptarnos a sus formalidades, sin reclamaciones posibles. Con alguna justificación o sin disponer de ellas, la huída se traduce en un ESCAPISMO increíble. Algo así como la ausencia grave de pensamientos y criterios. Cuando hablamos de libertades, siempre añoradas e insuficientes, se requiere una toma de postura por parte de cada ciudadano; la renuncia de estos al ejercicio de la participación, nos retrotrae a los ambientes que estimábamos como opresores.

Una de las vías por las que se pierde el combustible de lo verdaderamente humano es la CURIOSIDAD MALSANA o vulgar cotilleo. Bastará una observación somera para cerciorarnos de su importancia. Las horas de televisión y labores informativas dedicadas a sus efectos ocupan a grandes porcentajes de audiencia. Verdadera expresión de un instinto descubridor inúti, sólo interesa el morbo de los chismes. Quienes se eliminaron arrugas de la cara o se la estiraron hasta convertirla en un tiesto inexpresivo. Desaveniencias y componendas amatorias presentadas como intimidades, si bien son polvaredas que nunca fueron íntimas. Soflamas e insultos utilizadas como fuente de atracción y divertimiento. Opiniones soltadas como escupitajos, sin el contrapeso de la más mínima argumentación apoyada en razones valoradas. Todo un ramillete de desperdicios. Eso sí, encumbrados a niveles vanguardistas hacia ninguna parte. ¿Una de las maldades naturales?

Estos espías insustanciales se presentan en las épocas más dispares. Víctor Hugo, en Los Miserables, refleja el personaje de la viuda Victurianne; viajó un buen trecho en aras de su investigación, el descubrimiento de las andanzas de los protagonistas, si eran padre e hija, sus ocupaciones, procedencia y pequeñas circunstancias. Son una verdadera plaga esperpéntica. En su REGODEO, utilizan las circunstancias ajenas cómo único alimento de sus caletres vacíos. Con esas trazas se preocupan del carácter homosexual de un político o artista, dejando de lado su valía en la actividad desarrollada. Lugares visitados por el espiado y un sinfín de datos que no venían a cuento de las necesidades. Mientras se trata de todo ello, no se entra en el meollo de las cosas.

Es notable la gran tendencia observada en los núcleos de gestión, bien sea privada o sobre todo pública; me refiero al OCULTAMIENTO de las GESTIONES. La transparencia brilla por su ausencia, circunstancia grave cuando se trata de instituciones o actividades colectivas; ese mundo subterráneo al que no alcanza el ciudadano medio, enturbia cualquier comportamiento que se precie debido a la desinformación generada. Aunque acuda un gentío mayúsculo a un mítin, una exposición o unas manifestaciones; los individuos activos situados en el centro de determinadas decisiones, procuran que no se les vea, de esa manera actúan a sus anchas y huyen de las responsabilidades. Desaparecen del campo visual.

Otra forma de no permitirnos observación de sus actos se deriva de la gran abundancia de gestos rimbombantes; no nos da tiempo para detenernos en la valoración del fondo de las cuestiones tratadas. Lo vemos a diario en entrevistas y debates, sueltan cuatro insultos, elevan el tono de voz, añaden anécdotas; pero desapareció la verdadera personalidad que nos interesaba, el fondo de los hechos tratados o los proyectos de fuste. Son ABRUMADORES, aparentan muchas presencias simultáneas, que sirven de pantalla encubridora. Es la táctica del embadurnamiento, a base de lanzarnos muchas sensaciones simultáneas, se desvaneció el fundamento. Quizá les suene, por las muchas declaraciones y los escasos contenidos; estos se evaporaron.

Es curiosa la paradoja, en los momentos en los que disponemos de los mejores medios y abundantes estudios teóricos; la huída es masiva, se delega en los entes colectivos, la responsabilidad será del sistema. Una verdadera FUGA humanitaria. Pero la realidad es terca, y las consecuencias de esos comportamientos escapistas se lamentan después. Las entidades se enseñorean de la situación y los individuos quedan a su disposición e incluso a su servicio incondicional. Justo al revés del buen servicio hacia el ciudadano, enfermo, con problemas legales, sufridores de las huelgas que castigan al usuario y una larga lista. Un reinado de los conglomerados invisibles. La mejor calidad de vida precisa de la presencia, consideración e implicación de las personas; como tales, deben volver al primer plano como protagonistas.

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