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Se va el caimán, se va, se va

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
viernes, 20 de agosto de 2010, 03:50 h (CET)
“Cautivo y destruido Iraq hasta en sus más profundos cimientos, las tropas Imperiales han concluido sus operaciones militares. La guerra, ha terminado.” Los caimanes, muy sentidos ellos, lloran a moco tendido mientras devoran a sus víctimas, y tal que como el antedicho debería ser el parte de guerra de Obama cuando, conmocionado por la ternura del genocidio producido, anunció la salida del caimán de sus tropas invasoras de Iraq para el próximo 31 de agosto, y aún hacerlo a ritmo de cumbia por más que irse no se vayan a Barranquilla, sino tal vez a otro país próximo a cumplir con otro mandato de la ONU. Irse, no se irán (va sin segundas lo irán), qué va, porque quedarán unas decenas de miles de madelmanes imperiales dispuestos a convertir en fosfatina cualquier intento de los iraquíes de armar algo parecido a una infraestructura civil u organización social que dé la impresión de pertenecer a un país como Dios -o Alá- manda. Lo único que dejarán funcionando a tope, además de la muerte y una guerra civil latente que devorará durante las próximas décadas a los iraquíes, son la enorme cantidad de Abu Graibs que hay por doquier… y las bases imperiales, of course, ésas con las que van a hacer un afeitado en seco cualquier día de estos a los vecinos ayatolás iraníes.

La campaña de Iraq, ahora que se puede comenzar a valorar en sus justos términos la intervención imperial durante los dos últimos decenios, es memorable: no han dejado nada en pie, oiga usted, ¡qué concienzudo trabajo! Antes justo de que los EEUU pusieran su pie en esa tierra que fue la cuna de la humanidad, ese Iraq dominado por un supuesto loco como Sadam, era un país próspero, libre, multicultural, con excelentes autopistas, una memorable organización social, infraestructuras modernas y capaces, desde la educación a la sanidad pasando por el desarrollo tecnológico, y hasta democrático; pero, oiga, que un par de mordiscos del caimán norteamericano, siempre bajo mandato de la ONU, y vea usted cómo han dejado el país: le han devuelto a épocas pretéritas al neolítico, no tanto en base a las armas de destrucción masiva que teóricamente buscaban y no encontraron, como a las armas de destrucción masiva que ha utilizado para coronar con éxito sus propósitos. ¡Joder con la ONU, qué mandatos da!

Uno hace un recorrido por Iraq y no puede sino admirarse de lo niquelao que ha dejado el imperio al país más y mejor desarrollado, en su tiempo, de Oriente Medio, incluido Israel. Ni una escuela, ni un hospital, ni un mercado, ni una autopista, ni una universidad, ni un juzgado han sobrevivido en su verticalidad al empuje imperial. Ya sólo pueden hacer cola los iraquíes para obtener cualquier clase de producto sin ninguna garantía en cualquier tenderete (como en la Edad Media), sin duda para que hagan amigos mientras esperan que un suicida los volatilice, y, por de más, les han entregado en cuerpo y alma al deporte aventura, siendo toda una odisea ir a buscar trabajo –que no lo hay- o a hacer la compra al mercadillo y regresar vivo a casa. ¿Se puede pedir más?... Y, por si fuera poco, les ha evitado el imperio el dolor de cabeza de tener que administrar su petróleo, quedándoselo por el artículo 33 las multinacionales norteamericanas, que son las nuestras. ¡Viva el lujo y quien lo trujo! Un país que no es país, un pueblo enfrentado a muerte consigo mismo por intereses ajenos y un regreso a la edad de piedra –excepto en las cosas de matarse entre sí-, es el resultado de esta memorable acción militar auspiciada por la ONU, obtenida al bajo costo de eliminar de sucesivas tacadas a unos tres o cuatro millones de iraquíes, además de los no se sabe cuántos millones de seres que seguirán muriendo a causa de que los imperiales han enriquecido notablemente el suelo del país con ingentes cantidades de uranio empobrecido, para que no les falte de ná. Niquelao: han dejado el país niquelao.

A Afganistán, sin embargo, todavía le quedan algunos telediarios en que el caimán será noticia, porque ahora resulta que han encontrado petróleo. Seguro que ahora aquí se alarga sine die el mandato de la ONU, que es muy suya con estas guerras humanitarias. Han tenido suerte los afganos, porque es posible que el caimán se vaya de Iraq, pero no lo va a hacer para Barranquilla, sino para invadir su tierra..., y hasta es posible que para alguna otra vecina. Ya veremos si la ONU les añade otro mandato al que ya tiene el caimán para que encuentren armas de destrucción masiva o lo que sea, pero me da la impresión de que si los afganos están fetén ahora, en unos añitos más van a echar de menos a los rusos. "¡Qué tiempos aquellos!" –dirán con nostalgia los ancianos-, "¡qué paz!" Así se las gasta el imperio, y como en Iraq, para no tener que volver cada tanto a poner orden bajo mandato de la ONU, es posible que a los señores de la guerra les inviten a un entretenimiento promocional matándose entre sí, ahora que ni el opio les pertenece ya, como ya no son afganos los yacimientos de tierras raras que precisa la industria electrónica, su gas o cualesquiera otras riquezas que tengan, gestionadas desde la invasión por multinacionales imperiales para ahorrarles estos quebraderos de cabeza.

El caimán se va de Iraq –sólo sobre el papel-, se va, se va, se va para Irán, probablemente, donde hay todavía una sociedad que funciona y la gente tiene la manía de morirse de muerte natural. Cosa que no puede ser, y por cuya causa la ONU ya está trabajando a destajo y promoviendo esta maldad persa sin par en los periódicos del mundo blanco, para que los occidentales sepan lo peligrosísimos que son, de manera que no va a tener otra la ONU que enviar con un mandato al caimán a poner paz, y dejarlo (con las armas de destrucción masiva del Imperio) sin armas de destrucción masiva, y, ya que están, sin país, sin riquezas, sin sociedad y en guerra civil, mientras el imperio gestiona sus bienes. Como en Iraq o en Afganistán, vaya. Y, seguramente, entretanto el caimán les devora, se le escaparán tristísimas lágrimas por tener que cumplir tan dolorosa misión. Se va el caimán, se va, se va; se va para Teherán.

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