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Los controladores y otros privilegios
Mario López
El furibundo debate nacional que ha suscitado la huelga encubierta y, posteriormente, explícita de los controladores ha sacado a la luz una realidad igniominosa que se ha querido ocultar desde la muerte de Franco: los privilegios que durante el franquismo se repartieron para mayor gloria del dicatador. Ahora todo el mundo se echa las manos a la cabeza.
Pero, ¿desde cuándo existen estos privilegios? El régimen franquista hizo de su capa un sayo a la hora de establecer la política salarial en las empresas estatales. Lo que muy poca gente recuerda es, por ejemplo, que los generales que pasaban a la reserva eran premiados con la presidencia de una de las empresas del INI. Yo guardo un recuerdo entrañable de uno de esos generales que, a pesar de militar (como él mismo reconocía en un gesto de humor que siempre me maravilló), era un hombre con un profundo sentido común. Nos contaba, sinceramente atribulado, que no sabía cómo rechazar el premio que le había dado directamente el “generalísimo”; pero le parecía un disparate verse presidiendo una empresa de ingeniería que le era tan familiar como “el miembro de un varón a una vieja beata” (sic). Las empresas aeronáutica y aeroportuaria fueron la joya de la corona del franquismo. IBERIA y ENASA dispusieron desde el primer día de su fundación de unos salarios más propios del séquito de un jeque árabe que de una empresa pública. Pilotos, azafatas y controladores han estado cobrando unos sueldos que les convirtieron en carne muy codiciada por los amantes del buen vivir o, como se dice ahora, la “gente guapa”. Pero no son IBERIA y ENASA las únicas empresas que han sido beneficiadas por la mano del rey Midas. Hay más. El Gobierno de Rodríguez Zapatero marcaría un buen gol a los nostálgicos del tardofranquismo si revisara toda esa nómina de privilegiados que todavía no han hecho la transición a la democracia.
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