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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Mundo taurino: Embustero y bailarín

Yolanda Plaza Ruiz
Redacción
jueves, 19 de agosto de 2010, 05:14 h (CET)
“Una mentira mil veces repetida, se transforma en verdad”, esta frase de P. J. Goebbels, ministro de propaganda de Hitler, la conocemos todos. Engañar valiéndose de argumentos falsos es tan antiguo como la humanidad. Los gobernantes, los políticos y los líderes religiosos hacen buen uso de esta herramienta para dirigir y controlar a las masas. Pero la verdad siempre ha tenido defensores. En los libros de caballerías, los caballeros andantes se presentaban como garantes de la verdad, simbolizada por su lanza. En uno de estos libros Llibre de l'orde de cavalleria, escrito por Ramon Llull (filósofo y escritor catalán), podemos leer: “Se da al caballero una lanza, para significar verdad. Porque la verdad es cosa recta, que no se tuerce, y la verdad se adelanta a la falsedad. El hierro de la lanza significa la fuerza que la verdad tiene sobre la falsedad”. Y en un arrebato de nuestro Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha contra su escudero Sancho, leemos: “¡Vete de mi presencia, monstruo de naturaleza, depositario de mentiras, almario de embustes, silo de bellaquerías, inventor de maldades”.

Pero los tiempos cambian y nosotros con ellos, y lo que ayer se consideraba una valiosa virtud, hoy se encuentra en época de rebajas. Por eso no es extraño que la publicidad esté repleta de mentiras o medias verdades, por no hablar de las falacias a las que nos tienen acostumbrados nuestros políticos. Pero hay miembros de otros colectivos, igualmente siniestros, que no pestañean cuando expulsan por la boca algún insulto a la verdad, a la realidad evidente, me refiero a los defensores del “arte” taurino. No es inusual que estos amantes de la “fiesta” se aferren al engaño, ya que este término es usado en su jerga taurina para describir la “danza” entre el torero y el toro. En uno de los medios de difusión del toreo podemos leer: “Mediante el capote y la muleta, también llamados engaños, el torero se oculta del toro (…) Del uso de la muleta depende la belleza de la danza de toro y torero (…) a través de los engaños,(…) se puede y se debe controlar la embestida y el comportamiento del animal”. Tengo que reconocer que desconozco si en algún otro país existen individuos capaces de catalogar la tortura y matanza de cualquier otro animal —que no sea un toro o un becerro— como “arte”, “cultura” o “danza”. El martirizar a un animal hasta la muerte atravesado por una espada, es eso: martirio y matanza. Al toro le engañan, pero también pretenden confundir a la ciudadanía con discursos falsos para “ controlar la embestida” de los que defienden al toro y el “comportamiento”, en este caso, de la sociedad española. No podemos olvidar el argumento utilizado por el profesor Juan Carlos Illera del Portal, director del Departamento de Fisiología Animal de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid, en el que exponía que los toros durante la corrida “liberan betaendorfinas”, también llamadas “hormonas de la felicidad”, que tienen la finalidad de “bloquear los receptores de dolor”. Conclusión: el toro no sólo no sufre por las heridas, sino que disfruta. La falsedad de estas afirmaciones han quedado tan plenamente demostradas que, incluso algunos defensores de la lidia, las rechazan. No me resisto a aplicar al profesor Illera, en este caso, las palabras del Quijote a Sancho: “depositario de mentiras… inventor de maldades”.

Llamar “arte” y “festejo” a este espectáculo macabro, es un insulto a la inteligencia de los ciudadanos que no nos dejamos embaucar fácilmente. Detrás de este supuesto amor al “arte”, hay mucho amor verdadero por los 500 millones de euros en subvenciones que el Estado español regala al negocio taurino. Estos artistas del engaño quizá nos sorprendan en el futuro intentando incluir “la belleza de la danza de toro y torero” como parte de las distintas modalidades de baile español, junto a la Escuela Bolera, la danza clásica española, el flamenco y el floclore, introducidas ya en el repertorio del Ballet Nacional de España, dependiente del Ministerio de Cultura. ¿Le parece descabellado? Tiempo al tiempo. Pero lo dejaré aquí, no sea que les esté dando ideas a estos artistas y empiezen a pergeñar el próximo pase torero.

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