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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

Sobre la huelga de controladores y el confusionismo en el que vivimos

Mario López
Mario López
miércoles, 18 de agosto de 2010, 15:37 h (CET)
Uno de los más graves, sino el más, problema de la izquierda a lo largo de toda su historia ha sido la división dentro de la clase trabajadora o, para no entrar en discusiones "poliédricas", llamémosla clase asalariada. Ya se lamentaba de ello Arturo Barea, cuando nos habla en la Forja del Rebelde, del recelo que despertaban los trabajadores de la banca entre los obreros de la construcción. Lo de menos, entonces, era que los bancarios fueran asalariados igual o peor retribuidos que los albañiles y pensaran como socialistas.

La cuestión radicaba en que los bancarios iban vestidos como los señoritos y trabajaban en la oficina junto a los señoritos. Al final del franquismo resurgió este recelo entre los obreros manuales hacia los asalariados "de oficina". Es verdad que muchos profesionales cualificados ganaban mucho más dinero que un peón de albañil; pero no es menos cierto que un minero o un encofrador podía ganar más que un ingeniero. Por un lado, los obreros excluían de la clase asalariada a los ingenieros y, por otro lado, muchos ingenieros vivían en el absurdo de creerse parte de la clase de sus patronos. El tiempo les dio la oportunidad de ver qué equivocados estaban. Las diferencias salariales son una de las grandes perversiones del sistema capitalista, pero no la única. De hecho, cuando los vientos del mercado cambian de dirección, nos podemos encontrar, como ahora nos encontramos, a infinidad de universitarios en el paro o trabajando por sueldos de hambre. Deberíamos distinguir claramente entre asalariados -fuerza de trabajo- y capitalistas -dueños de los medios de producción-. Sólo así podremos tener claro qué es lo que hay que cambiar en nuestra sociedad para alcanzar un modelo de convivencia justo y democrático. Por el hecho de que un asalariado gane mucho -cosa que por regla general es muy fluctuante, como hemos podido ver a lo largo de estos últimos años- no significa que deje de ser un asalariado. La lucha de la clase asalariada ha de ser por la conquista de los medios de producción y el establecimiento de una justicia salarial que pase, no por el valor que a cada uno le imponga el mercado, sino por razones de equidad. Es interesante observar que los salarios pactados en convenios colectivos afectan a trabajadores que están en el departamento de saldos del mercado laboral. Ayer el que ganaba una pasta era el ingeniero; hoy el controlador. Y mañana, vete tú a saber quién. Esto no puede seguir así. Debemos apoyar una opción política que permita el control de los medios de producción por parte de la clase trabajadora (asalariada), la implantación de un sistema retributivo justo, digno, adecuado a las necesidades de cada cual, el pleno empleo, el crecimiento sostenible y el control de las administraciones públicas por parte de la ciudadanía para hacer imposible la corrupción. Vivimos en un jardín en el que cabemos todos, siempre que renunciemos a la codicia y estemos dispuestos a ejercer de vez en cuando de jardinero. Debemos trabajar en busca de la competencia, y nunca alimentando la competitividad. Si no acabamos con la dictadura de los mercados y la orgía bancaria, en pocos años no tendremos siquiera ocasión de arrepentirnos.

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