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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

En el que hablamos de la valentía de nuestro Ejecutivo

Miguel Massanet
Miguel Massanet
martes, 17 de agosto de 2010, 03:38 h (CET)
Como comenté hace unos días, nuestro “sorpresivo” señor Blanco, tan hábil transformista, tiene una personalidad distinta para cada ocasión en la que precisa utilizarla. En esta especial coyuntura ha optado por utilizar el disfraz de “Pelota 1º”, para darle una enjabonada de aúpa a su jefe inmediato, el señor Rodríguez Zapatero. Sin duda, es lo más adecuado para todo aquel listillo que aspire, secretamente, a sustituir a su superior el valerse de la lisonja, la coba rastrera, la loa y la exaltación de la persona a la que, en realidad, quisiera poder borrar del mapa; un medio sutil para que se confíe, se relaje y baje la guardia, facilitando al conspirador esperar el momento adecuado, en que la presunta víctima tenga un descuido, para asestarle la definitiva puñalada trapera.

Seguramente que Blanco ya está valorando sus posibilidades de utilizar sus influencias, su indudable experiencia dentro del partido y sus marrullerías, para hallar el modo de librarse de sus compañeros de partido que como la Chacón, ya están pergeñando su estrategia para ser los primeros, cuando le llegue el momento de suceder a este cadáver político en lo que se ha convertido ZP, en el instante en que, el Brutus de turno, lo cosa a puñaladas, simbólicas por supuesto, pero tan efectivas como las reales; usando como arma mortífera, el historial de las dos legislaturas de ZP, al frente de la nación española.

Nuestro aplicado ministro de Fomento tuvo palabras de apoyo al señor Presidente, augurando que, con toda seguridad, el señor Zapatero se va a volver a presentar como candidato a las elecciones del año 2012. No contento con ello, culminó con una frase lapidaria, quizá un poco rimbombante y presuntuosa, vaticinando que “Zapatero será el futuro de este país”. Lo malo, y esto se le olvidó, al señor Blanco, es que, por desgracia, ¡también ha sido el pasado cercano y el presente de esta pobre nación, que está sufriendo los efectos deletéreos de su incompetencia, sectarismo, revanchismo y falta del más elemental sentido común! ¡Dios nos coja confesados si vuelve a repetir legislatura!

Pero dejemos a don Pepe y ciñámonos a lo que está siendo la actualidad de estos últimos días, donde se han producido sucesos que nos han vuelto a hacer sentir como ciudadanos de una república bananera. Por ejemplo, los sucesos de Melilla. Unos descerebrados están incordiando persistentemente a nuestras fuerzas de seguridad fronterizas con el reino alauita. Se insulta de palabra y obra a nuestros agentes; se los amenaza; se burlan de las mujeres de uniforme, seguramente porque en Marruecos las mujeres no cuentan para nada y, por si faltaba algo, se interrumpe, por parte de los activistas que montan la fiesta, la entrada de pescado y verduras para abastecer a nuestra ciudad africana, pero tan española como lo pudieran ser Madrid o Valladolid (no hablo de los catalanes porque estos, sin duda alguna, estarán de parte de los musulmanes). Y, para culminar este cúmulo de desatinos sobre los absurdos ataques a nuestra ciudad melillense, surge el inefable sultán de Marruecos, como suele suceder cada vez que los problemas internos lo acucian. El personaje más rico de todo el país, con la mitad de la Bolsa de valores en sus manos y con todos sus parientes y amigos ocupando los puestos claves de la administración de la nación… para ¿disculparse? ¡Qué va!, ¿para pedir sensatez u ofrecer ayuda para pacificar la frontera? En absoluto. El rey de Marruecos ha tomado partido y ha convertido unos sucesos, penosos e injustificables, en un ataque directo contra nuestras fuerzas de seguridad y, de paso, en un motivo para reivindicar, por enésima, vez la soberanía sobre Ceuta y Melilla.

No obstante, con ser este acontecimiento lo suficientemente graves para preocupar a los ciudadanos españoles; conviene que veamos cómo se los han tomado nuestras autoridades y, con ello, me refiero a los que nos gobiernan desde la Moncloa. En primer lugar, han perdido el trasero para conseguir calmar a Mohamed VI; utilizando, para ello, todos los medios a su alcance y, como nuestro señor Moratinos estaba Dios sabe en qué lugar, muy ocupado”, es posible que, nuestro ZP, no tuviera otra salida que pedirle a nuestro monarca que cogiera el teléfono, pusiera voz de compungido, y se humillara ante su colega de Marruecos para pedirle, una vez más, que se contuviera, que todo se arregla con buena fe y paciencia y… esto me lo saco yo de mi faltriquera basándome en lo que sucedió en la pasada ocasión –cuando retiraron el embajador de Marruecos en España ( por cierto, parece que todavía no han conseguido que regresara)–; es más que probable que le hayan ofrecido, para apaciguarlo, algunas compensaciones: armas, tecnología o cualquier otro tipo de pertrechos que el soberano alauí pudiera apetecer.

La segunda cosa que ha trascendido del problema de la frontera de Melilla, es que, desde el gobierno de Madrid se les exigió a las autoridades melillenses “silencio” y se les recriminó por haber denunciado, públicamente, los hechos. Al parecer los españoles no debíamos enterarnos de lo ocurrido y las autoridades de la plaza deberían, para ZP y sus compinches, haber actuado con secretismo, supongo que arrestando a los guardias civiles que habían tenido la “osadía” de repeler a los insurgentes; enviándoles, a los del otro lado de la frontera, presentes y ciudadanos melillense para que fueran sus esclavos y aplacaran su “justa furia”. Algunos ciudadanos de a pie hubiéramos deseado una actitud más definida del Gobierno, algo más de patriotismo y menos cobardía. Reaccionar enviando un comunicado a SM Mohamed VI, en el que se apoyara sin fisuras a nuestra policía fronteriza; protestando por los activistas que se mueven en la frontera de Marruecos con España (Melilla lo es) y advirtiéndole de que, si seguía incordiándonos, le íbamos a devolver por correo certificado al más de un millón de ciudadanos marroquíes que tenemos acogidos en España, con todos sus pertrechos, para que los mantenga él que, para eso, son sus súbditos.

Sin duda, con una ministra del Ejército como la señora Chacón y sabiendo que, a partir de ahora, el que estudie la carrera para ser oficial de la milicia va a tener que estudiar lo de la Alianza de Civilizaciones, poco vamos a poder esperar de esta institución, de aquellos que juraron respetar y cumplir la Constitución y que, al parecer se están olvidando de que, entre sus mandatos, y referidos específicamente a nuestras fuerzas armadas, está el de velar por la unidad de España y mantener la integridad de nuestro territorio. Me imagino que esta “importante” asignatura, que se ha incorporado a la carrera militar, la Alianza de Civilizaciones, va a ser de gran interés para que, nuestra milicia, en lugar de adiestrarse para enfrentarse a aquellos que tienen por objetivo volver a reconquistar El Andalus; establezca relaciones de amistad con ellos, asista a sus mezquitas, cumpla con el Ramadam y, de paso, les enseñe a los moros el manejo de nuestras armas para que, cuando llegue el momento oportuno, las puedan usar contra nosotros. La quinta columna de Mohamed VI ya la tenemos en casa, con mezquitas incluidas: un millón de personas dispuestas a seguir las órdenes que reciban de Rabat.

A los españoles se nos han achacado muchos vicios y se nos han reprochado nuestra forma de ser, un tanto indolente y un mucho individualista, pero, señores, desde Indibil y Mandonio, nunca, se nos ha podido tachar, ni a rojos ni a azules, de ser cobardes. Ha debido de ser bajo el régimen socialista, cuando España, dirigida por Rodríguez Zapatero, está dando las primeras muestras de que nos hemos convertido en unos pusilánimes, incapaces de enfrentarnos a los insultos de una cábila de moros.

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