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N’Idea de ‘Ritmética’


Kathleen Parker


Kathleen Parker Kathleen Parker
martes, 17 de agosto de 2010, 05:35
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Olvídese de Harvard y vaya pensando en Lamar

NUEVA YORK - En general sucede que la calidad de algo la apunta el precio, pero cuando hablamos de la educación superior no pasa forzosamente.

Un nuevo estudio acerca del valor de una educación superior que verá la luz el lunes, por lo menos en lo que se refiere a lo básico, ha llegado a la conclusión de que en la mayoría de los casos sucede lo contrario. Olvídese de Harvard y vaya pensando en Lamar.

En la práctica, la Universidad de Texas, donde la matrícula sale por unos 7.000 dólares al año (en comparación con los 38.000 dólares de Harvard), saca un sobresaliente frente al suspenso de Harvard según un análisis del respeto de las universidades a las materias centrales consideradas esenciales para tener una educación competitiva y completa.

En otras palabras, Lamar obliga a cursar materias que Harvard al parecer considera de un valor inferior. Éstas incluyen 6 de las 7 áreas académicas utilizadas en el estudio para calibrar el compromiso de la institución con la educación general: redacción, literatura, idioma extranjero a nivel intermedio, administración o historia estadounidense, economía, matemáticas y ciencias naturales o físicas.

Harvard tiene créditos académicos obligatorios sólo para dos de estas asignaturas -- redacción y ciencias.

El estudio fue llevado a cabo por el colectivo sin ánimo de lucro American Council of Trustees and Alumni (ACTA) para ayudar a los padres y los estudiantes a decidir en qué centro van a exprimir mejor su dinero. Su publicación se programa para coincidir con la evaluación anual que hace U.S. News and World Report de las universidades y academias "mejores", que se apoya sobre todo en diversos datos estadísticos así como en el prestigio y la reputación del centro.

ACTA se centra como muestra de lo que cumple realmente una institución sobre todo en los requisitos académicos. Anne Neal, presidenta de ACTA, se da prisa en señalar que el sistema de valoración académica no dice todo de una institución, pero sí que ofrece una faceta crucial que viene brillando por su ausencia.

En un portal didáctico, "What Will They Learn?" (www.whatwilltheylearn.com), los visitantes pueden comparar entre las principales universidades públicas y privadas de los 50 estados. De las 714 instituciones universitarias examinadas, más del 60% obtiene un "suficiente" o peor nota por exigir tres o menos de las materias consideradas clave como obligatorias. Sólo 16 sacan sobresaliente, entre ellas: la Universidad de Baylor, la Universidad pública de Nueva York -- la Academia de Brooklyn, la Texas A&M, la Academia de las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos, la Academia Militar de los Estados Unidos, la Universidad de Arkansas y la Santo Tomás de Aquino.

Entre otros hallazgos, los centros públicos están haciendo una labor relativamente mejor que los privados a la hora de garantizar que los estudiantes reciben una formación básica y conocimientos -- y a un precio considerablemente inferior. Pero tanto los centros públicos como los privados suspenden a la hora de garantizar que los estudiantes cubran las materias importantes, sobre todo economía y administración o historia estadounidense.

Entre las razones de esta laguna en "lo básico" se encuentra que muchos profesores prefieren la investigación a la docencia, y el contenido académico es a menudo reflejo de eso. No faltan materias optativas, lo cual forma parte del problema. Más cursos se traduce en más gastos que se traducen en una matrícula más alta. La pregunta es si la oferta tiene algún valor o no.

En la Universidad de Emory, por ejemplo, para satisfacer los créditos de "Historia, Sociedad y Cultura", los estudiantes pueden elegir entre 600 cursos, incluyendo "Ginecología en el Mundo Antiguo". En la Universidad de Wisconsin en Madison, los créditos académicos de "Humanidades, Literatura y Arte" se pueden reunir asistiendo a un curso de introducción a la televisión. Neal, graduada de la Academia Harvard y licenciada de la Facultad de Derecho de Harvard, no duda que se pueda tratar de clases excelentes. "Pero el interrogante que se plantea es si es a lo único a lo que se expone el estudiante o no al acudir a la universidad".

Los estudiantes a los que se ofrece tantas opciones no tienen muchas probabilidades de elegir lo que es bueno para ellos. Teniendo en cuenta la naturaleza humana, elegirán lo divertido, lo fácil de aprobar o lo guay -- y que no se imparta a primera hora de la mañana ni los viernes. Depende de los centros universitarios alejarles de los postres en favor de las verduras académicas que van a necesitar para desarrollar mentes sanas. Neal dice que las academias han renunciado a esa responsabilidad.

"Es absurdo coger alumnos de 18 años y ofrecerles cientos de elecciones cuando carecen de cualquier criterio para tomar una decisión".

En un momento en que el precio de la educación superior es cada vez más prohibitivo -- y en el que el acento se tiende a poner en el estatus -- estudiantes y padres pueden encontrar consuelo en la posibilidad de que es posible encontrar una educación mejor a nivel de cada uno. Esto no significa necesariamente que un estudiante de Lamar vaya a aprender más que uno de Harvard. Como apuntan algunos, los estudiantes motivados intelectualmente pueden descubrir lo que les hace falta realmente en cualquier parte. Y los estudiantes orientados adecuadamente pueden no absorber lo que se les ofrece.

Pero el estudio y la página sí llenan una laguna para que padres y estudiantes puedan hacer mejores elecciones. Como consecuencia, universidades y academias pueden verse obligados a examinar su propia responsabilidad en la formación de una ciudadanía con educación superior y bien informada.

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