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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Las sanguijuelas de la política: ¡Al ataque!

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 16 de agosto de 2010, 05:08 h (CET)
“El pueblo quiere ser engañado, ¡pues que se le engañe! No está muy claro a quien pertenece esta sentencia, aunque algunos se la atribuyen al cardenal Caraffa, legado del papa Paulo IV en la corte francesa. En realidad, no importa tanto averiguar su autoría como el extraer de ella la sustancia que contiene que, para mi, simple ciudadano de a pie, contiene toda una filosofía que explica aquella postura adoptada, por una gran mayoría de los ciudadanos españoles, ante una situación que les resulta incomprensible, a la que no le ven salida alguna y, sin embargo, se le someten, siguiendo la máxima de aquellos epicúreos romanos que se entregaban a los excesos de la comida, la carne y el vicio, amparándose en aquella patética máxima: “comamos y bebamos que mañana moriremos”. Y es que, cuando los españoles queremos comprender las causas de que nos encontremos a la cola de Europa; cuando nos sorprendemos de algunas medidas adoptadas por nuestro ejecutivo, presuntamente encaminadas a resolver nuestra débil situación económica y, cuando pretendemos detenernos a escuchar lo que se dice fuera de España, respecto a nuestras posibilidades de salir de la trampa en la que estamos atrapados, (gracias a la “diligencia” de quienes nos gobiernan); nos encontramos ante un muro infranqueable de desinformación, maniqueísmo, ocultismo y falsedad, detrás del cual, agazapada y oculta, se encuentra una política deslavazada, improvisada, falta de rigor, oportunista y, evidentemente, errónea, puesta en práctica por unos gobernantes incapaces para la función que se les fue encomendada, guiados por un sectarismo criminal, y que no han tenido empacho en dejar que España cayera en las alcantarillas europeas, con tal de poder implantar un nuevo modelo de organización social; fabricado a base de imposiciones y vulneraciones constitucionales, para lo cual han tenido que, como medida previa, descoyuntar al Ejército, privándolo de sus mandos más carismáticos; atacar a fondo y con saña a la institución familiar, columna básica de cualquier organización social; destruir el sentimiento religioso y empujar a la juventud, mediante un adoctrinamiento forzado en las aulas reforzado con asignaturas obligatorias, como la EpC, con el fin de eliminar de sus mentes el respeto por sus progenitores, la moral que recibieron de sus ancestros , la ética y los valores que son necesarios en cualquier sociedad que quiera mantener un orden y unas libertades controladas, para que no sirvan de excusa para invadir las del resto de ciudadanos.

Esta ceguera a la que nos tienen sometidos, nos oculta factores esenciales que están influyendo, no sólo en lo que está sucediendo de puertas para dentro, en nuestra nación; sino que, la influencia que en nuestra tierra puedan tener determinadas decisiones o normativas, procedentes de la misma CE, de Bruselas y de naciones tan poderosas como son Alemania y Francia, sin olvidarnos de los EE.UU.; en cuanto son capaces de producir efectos no deseados en nuestro propio ámbito nacional, de tal forma que, descontando la debilidad extrema de nuestras entidades financieras; la falta de credibilidad de nuestro Gobierno; la grave situación social por la que estamos transitando(con más de 4’5 millones de parados y mas de 1’5 millones de desocupados que no reciben ayuda alguna para poder subsistir) y las evidentes carencias de nuestra economía en la que, los efectos de la crisis, ya ha provocado que, este año, más de 10.000 empresas hayan desaparecido por no poder capear el temporal, faltas de créditos y obligadas a pagar verdaderas fortunas para adaptar sus plantillas a las necesidades del momento. Y es que deberemos reconocer que, Europa, nos ha tendido un cable bajo el compromiso del ZP y su Gobierno de ejecutar una política de contención del gasto público, rebajar nuestro déficit en un 6%, para el 2011, y poner orden en nuestro mercado laboral. Pero, no obstante, no debemos ser tan pazguatos de creernos que, por ello, la CE y el ECOFIN se van a parar, para esperar que nosotros nos recuperemos, en el proceso de regeneración europea, iniciado, fundamentalmente, en las naciones punteras de la comunidad. No pensemos que el BCE va a mantener indefinidamente su política de absorber nuestra deuda pública ni que, Alemania, que ha subido su PIB en un trimestre en un 2’2% y tiene un 8% de desempleo; se resigne a tener que continuar aportando millones de euros para que ZP los despilfarre en ayudas a la Alianza de Civilizaciones o, la señora Aído, dedique cientos de miles de euros a ayudar a sus amigas las feministas. Suena a pitorreo que, desde el Ejecutivo, se quiera vender al pueblo que nuestra situación penosa, es un mal común y que, el resto de naciones, también estén pasando por los mismos apuros. Todos sabemos que, en efecto, la crisis se inició en EE.UU y fue una recesión, esencialmente, financiera ( la quiebra de Leman Brothers); pero no todas las naciones han actuado, para enfrentarse a ella, siguiendo el mismo patrón y así, mientras en España se pretendió ignorar que existiera y luego, tarde y mal, se adoptaron medidas basadas en la improvisación, despilfarrando nuestras reservas en subvencionar a los bancos y cajas, sin atender a la perentoria necesidad de otorgar créditos para ayudar a nuestras empresas y flexibilizar el mercado laboral permitiendo el ajuste de plantillas a aquellas empresas que tenían urgente necesidad de descargarse de personal. Otros países han invertido el dinero en promocionar la industria, en mejorar su producción, en aligerar de cargas a sus ciudadanos y aumentar créditos, en reducir el poder de sus landers (léase autonomías) y en mantener los impuestos (es verdad que sin reducirlos como se había prometido, pero tampoco aumentarlos como ha ocurrido en España).

Pero, ¡abróchense los cinturones! Como decía, Europa no se detiene y va a su aire y ya son varias las voces, especialmente la del eurodiputado francés, señor Alain Lamassoure, que estiman que es necesario, para poder sostener a la UE, crear uno o varios impuestos europeos que, por supuesto, nada tendrán que ver con los internos de cada país. Es decir que si, en nuestro caso, la subida del IVA ya ha producido que nuestro IPC se situara en el 1’9% y si, los impagados bancarios, han bajado respecto al año anterior, pero sólo debido a que la no concesión de créditos ha restringido las compras; si nuestra Banca ya debe al BCE la friolera de 130.000 millones de euros; si la Bolsa va dando bandazos y las rentabilidades son mínimas; si la Prima de Riesgo de nuestra deuda pública, en pocos días, ha pasado de 140 a 170 puntos y si, la de nuestras comunidades autónomas, no le va a la zaga; no vemos, señores, que nuestra situación tenga parecido alguno con la del resto de países europeos, como Francia o Alemania. Con unos sindicatos amarrados a la lucha de clases, dependientes del Gobierno para seguir recibiendo las suculentas donaciones que se les hacen y dispuestos a mantener nuestro mercado laboral dentro de las rigideces heredadas del anterior sistema
autoritario. ¿Se imaginan ustedes que, con las pensiones congeladas, con los salarios recortados y con la subida de impuestos que nos vaticina el Gobierno – todo ello, con unos pronósticos poco esperanzadores para los próximos trimestres, llenos de malos augurios?, tuviéramos que apechugar con otros tipo impuestos, esta vez comunitarios, para sostener la mega-burocracia que se ha creado en torno a una unión, la UE, que hasta la fecha, todavía no hemos podido encontrarle las ventajas que se nos anunciaron cuando el cambio de la peseta por el euro y sí, velis nolis, observamos con preocupación que, tal y como nos van las cosas, no sería de extrañar que, bajo el gobierno de ZP, no pase mucho tiempo antes de que Europa se canse de aguantar las sandeces de nuestro Presidente y tire la toalla. No quiero ni imaginarme las consecuencias que ello supondría para España. ¡Más vale no pensarlo!

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