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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Nación de Adhesivos

Robert J. Samuelson
Robert J. Samuelson
lunes, 16 de agosto de 2010, 05:06 h (CET)
Somos los lemas adhesivos que llevamos pegados al parachoques

WASHINGTON -- Somos los lemas adhesivos que llevamos pegados al parachoques. Son una manera de definirnos y de pregonar nuestras diversas personalidades al resto del mundo: que votamos a Bush o a Gore; que somos de Ohio o de Michigan; que somos "pro-vida" o "pro-elección"; que preferimos a tal o cual candidato a la junta escolar del distrito o al Congreso; que nuestros hijos juegan al fútbol y ganaron el campeonato del condado; o que veraneamos en la Rocosas de Wyoming o en el Disney World de Florida.

Estas insignias adhesivas de autoexpresión cubren una gama casi infinita
de creencias y comportamientos. También plasman una de las
contradicciones permanentes de la cultura estadounidense - la tensión
entre el individualismo y el conformismo. Las pegatinas de los
parachoques son etiquetas de gustos y prácticas personales, pero casi
siempre indican también cierta lealtad a una causa más importante o la
pertenencia a algún colectivo más relevante. Nos permiten diferenciarnos
y a la vez diluirnos entre afines. Los progresistas exhortan, "Armonía
Salarial". Los conservadores exclaman, "Vota a los Demócratas, es más
fácil que trabajar".
Es probable que la mayoría de los adhesivos sean apolíticos y
aparentemente neutrales, como el extendido alarde de los parachoques que
dicen "Mi hijo es estudiante de honor del centro (tal)". Pero hasta éstas
nos segregan a menudo en grupos respetables o anodinos. Proclamar a los
cuatro vientos los logros de sus hijos permite a los padres promocionar su
propio éxito y situarse simultáneamente ellos dentro de una élite de
familias que están educando a una descendencia excepcional.

La autoalabanza ofende a muchos, incluyendo a los padres que al parecer
piensan que la preparación académica no es la única habilidad valiosa en
la vida o, más probablemente, no pueden soportar el alarde de
condescendencia simplemente. En los últimos meses, he anotado algunos
lemas interesantes que he vislumbrado por aquí y por allá. "Mi hijo da
cien vueltas a tu estudiante de honor", es uno en el que reparé en mayo en
Boston. Un amigo informa de una versión más conmovedora avistada en el
arrabal de Traverse City, Michigan:
"ORGULLOSO DE TENER UN HIJO EN EL EJÉRCITO: mi hijo lucha por la libertad
de tu estudiante de matrículas".
Algunas pegatinas, aunque cortantes, son simplemente divertidas. "Una
mujer sin un hombre es como un pez sin bicicleta" era una pegada a un
Honda en Mendocino, Calif. Otra decía: "Dentro de todo anciano hay un
joven preguntándose qué ha pasado". A unas manzanas, la camioneta de un
carpintero mostraba esto: "Tantos listones para tan pocos palés".

Sin embargo, la política despierta las pasiones más feroces. "Amo a mi
país, pero temo a mi gobierno" fue avistada pegada a una moto en Western
Pennsylvania, justo a las afueras de Pittsburgh, en abril. Unas semanas
más tarde, anoté "Ya estoy en contra de la próxima guerra" en Silver
Spring, Md., un suburbio de Washington, D. C.

Las pegatinas con éxito a menudo inspiran imitaciones incesantes. "Mi
otro coche es un Rolls Royce" ha tenido muchas imitaciones. "PITA si
crees que es culpable", utilizada por primera vez en el proceso a Nixon,
se ha reciclado con asiduidad. Una versión reciente dice: "PITA si yo te
estoy pagando la hipoteca", una protesta contra las ayudas a los
hipotecados sobreendeudados.
Las pegatinas de los parachoques se originaron al parecer con la llegada
del Modelo A de Ford al mercado en 1927, según las breves crónicas de la
red. El Modelo T antecesor había carecido de parachoques, que se
incorporaron como mejora de la seguridad. Fabricadas de cartón y metal,
las primeras pegatinas se fijaban al parachoques con alambre o cuerda. El
gran avance tecnológico se suele atribuir a Forest P. Gill, un impresor
aerógrafo de Kansas City que durante la década de los 30 estampaba
mensajes sobre lienzo, un cambio que terminó conduciendo finalmente al uso
del papel adhesivo.
No sabemos gran cosa de la demografía del adhesivo: quién los pone; quién
no (seguramente la mayoría de los conductores, muchos de los cuales los
considerarán sin duda aberraciones); y si el uso varía en función de la
renta, la región, la religión o el sexo del propietario. Un sociólogo
afirma haber descubierto una relación entre los lemas del parachoques y la
conducción agresiva. A más pegatinas -- con independencia de su temática
u orientación política -- más agresivo es el conductor, dice. La teoría:
que haya más pegatinas connota un mayor individualismo, o tal vez más
egoísmo, y el convencimiento de que los demás conductores deben apartarse.

Lo que sí sabemos es que la pegatina del parachoques se ha mimetizado en
la cultura de ataque más extendida de eslóganes y lemas. Ha sobrevivido a
la aparición de la red -- que es la plataforma por excelencia gracias a la
que los estadounidenses satisfacen sus gustos, disgustos e idiosincrasias
- y tiene la virtud salvadora de sumar más a nuestro humor que a nuestro
rencor. Reírse no cierra una discusión, pero evita que pase a mayores.

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