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Tags: Opinión · Disyuntivas · Rafael Pérez Ortolá
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Rafael Pérez Ortolá


Rafael Pérez Ortolá Rafael Pérez Ortolá
sábado, 14 de agosto de 2010, 21:36
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Los acontecimientos siempre tienen un desencadenante. Unos circularán con presencias de escasa amplitud, otros serán redundantes con el tronío de sucesos aparatosos. Con cierta intranquilidad percibimos la transformación de la simpleza inicial, descubrimos abundantes ramificaciones entre los antecedentes; la comprensión de los factores desencadenantes suele enmarañarse, el misterio se engrandece a medida que retrocedemos por los orígenes. En todo este entramado tampoco pierden comba el azar y la causalidad, mientras la COMPAÑÍA se agranda.

No resulta fácil, no, el conocimiento detallado de las circunstancias implicadas; sobre todo, por la poca placidez en los momentos de valoración. Las TENSIONES toman posesión de nuestros razonamientos, nos mantienen en vilo; en pleno conflicto de estímulos y fuerzas, resultará complicada la mera enumeración de datos o sentimientos. Se trate deunas elecciones primarias o del “sueldecito insuficiente” de los controladores.

Al ritmo evolutivo de los aconteceres diarios se multiplican las “novedades”, noticias, recibos, impuestos o mamandurrias de reciente disposición. La crispación electriza los contactos, con “agresiones” menores o mayores, discusiones, servicios defectuosos o actitudes de mala sombra. Las “necesidades” fuerzan las situaciones en colectivos, familias y desfavorecidos. Si nos fijamos en los “engaños”, de tan habituales, casi los vemos como normalidades. Añadamos al conjunto de dichas tensiones unas “gotas pasionales” y nos apercibiremos de la poca cancha disponible para las razones. Hemos conformado así una fogosa TRACA de los IMPULSOS, con el consiguiente ruido y una trastienda que pasa desapercibida. Tampoco se ve por ningún lado el arte pirotécnico, quizá se trate de petardazos desorganizados. ¿Aumentamos los cohetes? ¿Disfrutamos del ruido?

Junto a la algarabía reinante, de vez en cuando aparecen satisfacciones, alegrías y momentos de plenitud; la escasez de dichas realidades incrementa la fuerza de su apreciación. No cabe duda, la MAGIA de ciertas vivencias representa un goteo compensador de las agitaciones y desventuras. Vienen a ser como “presencias” de ensueño. Algunas se circunscriben a determinados LUGARES, aquí la actuación humana suele jugar en contra; prevalece la torpeza que estropea las maravillas.

Los momentos mágicos son muy particulares y las definiciones tienden a complicarlos, se viven mejor que se detallan; las explicaciones tienden a enmarañarlos, con la lógica pérdida de su encanto. Los momentos de SINTONÍAS personales no tienen parangón. En torno al nacimiento de un hijo, con el grado de espontaneidad y participación unidos, como un clamor vehemente del sentido humano. Aunque tristes, resultan también mágicos los momentos de separación y pérdidas de seres queridos. La paradoja vital nos conduce de un extremo al contrario, sin disimulos. Las sintonías no están desprovistas de tensiones, aunque enseguida percibimos su dosis de aproximación a las personas. No se trata de unos depósitos de aguas estancadas y malolientes; por el contrario, son la expresión notable de la armonía entre las fuerzas de la naturaleza. ¿Cuál será el grado de colaboración que les prestemos? ¿Acaso estaremos ante un simple destino marcado?

El transcurso del tiempo influye en las circunstancias. Los registros acumulan ejemplos, aunque siempre incompletos; dado que no se inventó lo absoluto en materia de los datos conocidos. Se recogen fechas, estadísticas o conquistas; pero abunda más el desconocimiento de cuanto aconteció con las personas. Hemos de asumir ese gran desconocimiento irremediable. Si una cuestión queda clara en este devenir serán las abundantes RAMIFICACIONES y OCULTAMIENTOS generados; si muchas o pocas, bien conocidas o mal conocidas, seguirán siendo el núcleo de las discusiones. Pese a los iluminados de cada momento histórico, la verdadera respuesta no la veo en sanedrines políticos o en los pronunciamientos, por mucho que levanten la voz, fatuos y engreídos. El núcleo radical de esta respuesta es íntimo, de cada persona.

A la vista de todos se muestran 3 EXAGERACIONES HISTÓRICAS que considero improcedentes. La suma de factores precursores se resume en la realidad presente de cada uno. Sin embargo, la historia es una elaboración incompleta por definición, manipulada en ocasiones y poco sincera con sus ignorancias; por eso debemos huir de las “condensaciones de la historia”. De manera especial si pretenden engullirnos en núcleos humanos dominadores. Según los intereses predomiantes, suele prescindirse del factor tiempo y se “detiene la historia” allá donde les conviene a los dominadores; es un intento inútil, pero se produce. O bien se proclaman “tiempos diferenciados”, sin que nadie pregunte a los afectados; ahora es el tiempo de… las consideraciones de cualquier mequetrefe. Verán ustedes que llevamos un lastre de exageraciones encima.

Las manifestaciones diletantes, jocosas o tendenciosas, de por sí no reflejan su malicia a las claras; son los graves trastornos posteriores los que disparan las inquietudes. La selección de factores acompañantes determina el grosor y la largura de toda una cadena de efectos posteriores; motivo de congoja o de situaciones felices. La trascendencia comienza en lo más cercano, hemos topado con las CONSECUENCIAS de excesos activos o pasivos. Las secuelas constituyen otro inevitable acompañamiento; las mentiras o disimulos no son eficaces contra la terquedad de los resultados.

Circulamos entre dos corrientes poderosas que con frecuencia tienden a DESCENTRARNOS. Un positivismo muy racionalista, ceñido a unos pocos datos, que no mira hacia las profundidades de las ignorancias y desdeña cualquier otra consideración. O la vía opuesta de tomar posesión de unos fundamentalismos iluminados, que de tan fundamentados se olvidaron de aquel núcleo presente en cada persona; para ellos lo concreto pasa a ser secundario. Lo malo de todo esto es que el ansiado equilibrio no se vislumbra en este lado de la existencia. Generamos una especie de rebeldía radical rayana en lo absurdo de no reconocer las limitaciones.

No existen puesto de venta con la exposición de un existencialismo responsable y lúdico; por lo tanto, no se puede comprar. Aunque me da la impresión que la demanda no sería intensa; los niveles de audiencia, los porcentajes de las encuestas, las manifestaciones aparatosas, rugen con sonidos de otras características.

“Todas las vidas cambian cuando pasas por un sitio y rozas la historia. Todo es complicidad”, escribió Bárbara Kingsolver en “La Bliblia envenenada”. Cuenta con los acompañamientos evidentes o solapados. Con que lo percibamos así, no habremos evitado algo tan frecuente como el olvido de las numerosas complicidades y sus consecuencias. Tremendo sino este de arrostrar un cierto grado de responsabilidad formando parte del enrevesado conjunto. ¿Quizá sea mejor olvidarlo?

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