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Prohibido prohibir
Mario López
El PP, al refujo de la nueva historiología tardofranquista, sigue en su loco afán de ponerlo todo patas arriba, darle la vuelta al calcetín y llevarnos al mundo al revés. Cogió aire en cuanto el ex terrorista Pío Moa certificó que la dictadura franquista fue un régimen plácido y legítimo a carta cabal. Inflado el músculo con tan poderoso anabolizante, un poco prematuramente –hay que decirlo, pues todavía seguimos vivos millones de víctimas del franquismo que podemos dar fe de aquel infierno-, se ha lanzado de lleno al entronamiento del despropósito.
Ya es el partido de los trabajadores, el guardián de la unidad nacional –sin que ello le impida mantener un permanente hostigamiento contra Catalunya-, la reserva espiritual de Occidente –a pesar de la infinidad de casos de corrupción en los que se halla envuelto-, y el fundamental garante de la Libertad, así con mayúscula, y sin caer en relativismos morales. Ahora, cuarenta y dos años después de aquello, ha decidido adoptar uno de los aforismos más emblemáticos del Mayo francés: “Prohibido prohibir”. Y ese lema es el que exhibe contra los abolicionistas de la lidia, a los que acusa de liberticidas autoritarios prohibicionistas casposos –como si pudiera haber algo más casposo que una corrida de toros, con su pasodoble y olé-. Me recuerda a esos curas que empezaron a utilizar la música de Bob Dylan para cantar en misa unas letras que entraban en contradicción con la propia filosofía del famoso artista, por entonces volcado en la militancia contra la guerra de Vietnam. Cuando los anarquistas del 68 escribían en las paredes de París “Prohibido prohibir” no creo que se estubieran refiriendo a la prohibición de la esclavitud o la tortura animal. Pero, bueno, el PP es el partido de los señoritos, y los señoritos siempre han hecho lo que les ha venido en gana.
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