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Casi nos dejamos el crédito
Antonio Pérez Gómez
Supongo que ser el jefe del fútbol español debe ser verdaderamente difícil. Si dentro de cada español hay un seleccionador, imagínense cuantos jefes de la federación española (el tipo del organismo que decide todo este bendito tinglado del fútbol) puede haber.
Pero lo de Villar es de “Abierto hasta el amanecer”, oiga. Que el presidente de la federación nos ponga (a nosotros, a la Roja, que por fin la selección ya somos todos nosotros) un partido un día como el 11 de agosto, con los internacionales, héroes de Sudáfrica, sin entrenar, recién llegados de sus nunca tan merecidísimas vacaciones a defender el prestigio del fútbol español, es denunciable.
No, no es de recibo que, lo que nos ha costado casi 100 años alcanzar, el tocar el cielo con las manos, el hacernos con un nombre de forma definitiva en el deporte rey, el que por fin hayamos dado un golpe el la mesa y que todo el orbe nos mire con envidia por lo conseguido en Europa y el mundo…y que en a penas un mes después ese prestigio se ponga en liza de una forma estúpida y inconsustancial.
El partido, como es lógico, fue para olvidar. Los españoles salieron a contemporizar, a sabiendas de que fisica y mentalmente no estaban a la altura del compromiso. Para nuestros hermanos mexicanos la cosa no era una pachanga. Ellos, bravos y orgullosos como nuestra raza les inculcó, se conjuraron en ser los primeros en batir a la selección de Del Bosque. Y casi lo consiguen. Con una primera parte en la que nos arrollaron, tuvimos que esperar a sacar el “jamón de reserva” en la segunda para que, en otra maravillosa jugada “made in Sabih”, Silva salvara los muebles y el honor de campeones del mundo, que Villar había estúpidamente puesto en liza.
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