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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

65 años de ignominia

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
viernes, 13 de agosto de 2010, 06:26 h (CET)
Son ya 65 los años los transcurridos desde que la mayor de las vergüenzas se derramara sobre la especie humana, cuando científicos tan locos como reprobables formaron camarilla con los genocidas militaristas norteamericanos para lanzar sobre Hiroshima, primero, y Nagashaki, después, las primeras bombas atómicas de la nueva era del diabólico pánico que inauguraron. A día de hoy, sin embargo, no sólo nadie ha pedido perdón por aquella inútil matanza de seres inocentes, sino que su tiniebla planea sobre muchos países, amenazando con la mayor mortandad simultánea de todo nuestro devenir sobre el planeta.

Parece un contrasentido que, precisamente quienes no tuvieron empacho moral alguno para asesinar a sangre fría a cientos de miles de personas e inaugurar una era que más pronto que tarde nos exterminará a todos, sean precisamente los que se anden con remilgos pseudomorales porque un país que no es amiguete se pueda hacer con ella, y todo ello cuando en sus arsenales de medio mundo hay suficiente potencia nuclear como para aniquilar unos cuantos cientos de veces la vida en todo el planeta. Un contrasentido de difícil comprensión, proveniente -¡qué cosas!- de la nación más militarista y agresora de las que tenemos noticias desde que el hombre comenzó como especie a dar sus primeros pasos. Nunca les faltaron argumentos para diseminar la muerte por todo el globo, y, lo que es más grave, siguen en sus trece sembrando la guerra y la discordia en las cuatro esquinas del mundo, a pesar de que su presidente haya recibido tan absurda como injustificadamente el Premio Nóbel de la Paz.

Ninguna nación en el mundo es tan odiada por todos, incluidos sus propios socios (forzosos, supongo). Ni siquiera una buena parte de sus nacionales son ajenos a este rencor, viendo en su propio gobierno a un enemigo más que a un aliado. No en vano, si en todo el mundo los países tienen ejércitos, el army de EEUU es el único ejército que tiene un país. Un ejército brutal y extraordinariamente agresivo que no ha dejado un solo pueblo y una sola esquina de la Tierra sin maltratar, ya sea directamente o través de los movimientos que propician sus miles de agencias especializadas en la conspiración y la desestabilización, casi todas las cuales son gobernadas desde el Pentágono, y bajo cuyas órdenes perpetran impunemente todo tipo de atrocidades contra los derechos humanos de los ciudadanos de cualquier país, habiendo sembrado el globo de infiernos, asolado países y establecido Guantánamos por doquier.

65 años que debieran haber servido para que reflexionaran sobre su propia Historia, pero que, lejos de eso, los han usado para aprender a matar más y mejor, usando ya no sólo las armas nucleares, sino también las geológicas, las climatológicas y bacteriológicas. Irán, Siria, Líbano, China, Sudán, Venezuela y un sin fin de naciones más están en la lista de espera de sus tropelías, y no tendrán escapatoria alguna si no se pliegan de inmediato a los deseos de los EEUU y su ejército, y rinden tributo de sumisión. O la obediencia o la muerte.

Sorprende, sin embargo, que hayan tenido la insultante desfachatez de enviar a Hiroshima a un representante para “celebrar” el aniversario del patético suceso, cuando sus misiles nucleares están apuntando en estos momentos a Irán o a Siria desde Israel, Turkmenistán, Iraq o el estrecho de Ormuz, sin duda para despertarnos cualquier día de estos con el sonido de las trompetas del Juicio Final porque habrán arrastrado a esa guerra de exterminio a China, Rusia, Corea del Norte y al mundo árabe en pleno. Su cinismo y su inhumanidad raya con lo diabólico, si es que no está meridianamente incluso en ello. Nada se puede hacer por ellos, ni ellos pueden hacer nada por los demás que no sea causarles dolor o la muerte: son un caso perdido que nos perderán a todos.

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