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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Hay que Recortar el Gasto Público... pero no en mi estado

David S. Broder
David S. Broder
viernes, 13 de agosto de 2010, 06:12 h (CET)
WASHINGTON -- Le presento a Robert Gates, también conocido como El Vector Director.

Secretario de Defensa, famoso entre sus colegas por su especial proximidad
al Presidente Obama, se desmarcaba de los jefes de los demás departamentos
esta semana para anunciar sus planes de recortar el gasto del Pentágono en
un importante sentido el año que viene.

Se podían escuchar las quejas desde Norfolk a los suburbios de Washington,
a medida que los políticos de Virginia de los dos partidos descubrían los
electores que van a perder fuelle a consecuencia de los planes de Gates.
En lo que no han caído en la cuenta aún es en que se trata simplemente de
las salvas de apertura del que probablemente sea el asunto primordial de
2011-12, la lucha por dominar los presupuestos federales.

En su anuncio del lunes, Gates decía que quiere clausurar de golpe el U.S.
Joint Forces Command, una innovación interagencias compuesta de alrededor
de 2.800 empleados militares y civiles y 3.300 contratistas, como entrada
de una estrategia a largo plazo destinada a rebajar un 10% anual el gasto
en contratación en el Pentágono y la Inteligencia durante los tres
próximos años.
Junto a los cambios en los planes militares de gestión, anunciados con
anterioridad, y los nuevos recortes menores en las filas de los oficiales,
Gates ha empezado a esbozar los pasos que cree necesarios para librar dos
guerras hasta en una era de austeridad presupuestaria.

Lo que aún está por venir son los anuncios del mismo mimbre de los
gerentes de las principales agencias civiles a las que el Presidente
también ha informado: reservad el dinero para vuestras tareas más
esenciales, y comprended que los proyectos de menor prioridad serán
sacrificados.
Esos anuncios van a traer cola a finales de este otoño, a medida que los
departamentos reciban sus órdenes de la Oficina de Gestión y Presupuestos
de la Casa Blanca. Y los gritos de dolor van a marcar la nueva ronda en la
lucha entre la rama ejecutiva y el Congreso.

La decisión de atajar el déficit presupuestario descontrolado de los
últimos años Bush y la hemorragia de números rojos en los presupuestos
castigados por la recesión que Obama ha presentado en sus dos primeros
años es fruto de distintas fuentes.
El pánico que Grecia inculcó a las economías de la Unión Europea y la
posibilidad de que China entre otros acreedores aplique una presión
similar a Estados Unidos supone un espaldarazo. Otro es la probabilidad de
que la comisión de cordura fiscal nombrada por el presidente se valga de
su informe de diciembre para presionar más a Obama con vistas a ponerse
serios con la reducción del déficit.
La probabilidad de que se amplíe el número de Republicanos en el
Capitolio, habiendo hecho campaña los nuevos legisladores electos a cuenta
de promesas de limitar el gasto público, puede facilitar a Obama hacer lo
que ya se inclina por hacer. Los líderes Republicanos del Congreso Mitch
McConnell y John Boehner y él ya avistan la posibilidad de negociar un
acuerdo presupuestario, entrado el año que viene, más allá de la volátil
retórica de la presente campaña legislativa.

Pero pisar a fondo el freno del gasto federal desbocado no va a ser fácil.
Como demuestra la primera reacción al anuncio de Gates, al margen de su
ideología expresa, los políticos locales berrean en cuanto sus propios
electorados acusan el recorte presupuestario.

Entre los primeros en desafiar la decisión de Gates de clausurar la
instancia militar radicada en Virginia se encuentra el Gobernador de
Virginia Robert McDonnell, un Republicano que no ha dudado en limitar las
propuestas de gasto de sus predecesores Demócratas.

A él se unieron dos senadores Demócratas del estado, Mark Warner y Jim
Webb, que predican las virtudes de la disciplina presupuestaria pero que
Obama puede haber pensado que fue una labor imposible obligar al Congreso
a gastar todo lo que él quiere en concepto de estímulo económico,
educación y el resto de sus apreciadas causas. Está a punto de descubrir
que persuadir a los legisladores de acometer recortes en los presupuestos
puede ser aún más imposible.
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