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La lidia: el oscuro objeto del deseo y el discreto encanto de la burguesía
Mario López
Creo saber por qué la burguesía española (de derechas e izquierdas) está tan consternada con la decisión soberana del Parlament de Catalunya de poner punto final a la lidia. En torno a la lidia se mueve mucho dinero, muchas influencias y mucho glamour. El entorno de la tauromaquia es posiblemente el lobby más importante de este país en asuntos tales como la explotación agropecuaria, la fiesta, el espectáculo y la prensa del corazón.
Fiestas como San Fermín, San Isidro, la Feria de Abril o el Rocío no son nada sin la lidia. En miles de pueblos se ahorra durante todo el año para financiar las fiestas patronales con carteles de primeras espadas. Y un montón de familias adineradas tienen un extraordinario negocio en sus ganaderías, además de un inmejorable aliado en sus cortijos para ganarse las más distintas voluntades del mundo de la política y los negocios. La aristocracia española es dueña de más de la mitad de la cabaña brava del país. Tener una ganadería y un buen cortijo, es imprescindible para ser alguien en determinados ambientes. Así que no es que la prohibición de la lidia en Catalunya amenace la unidad de España. Lo que pudiera amenazar si cundiera el ejemplo es el impresionante tinglado que se tiene montada nuestra "gente guapa". Ni más ni menos. Catalunya, en sí misma, no representa ninguna amenaza para la "cosa nostra" de la dehesa, pero es un pésimo precedente. Cuando se ilegalizó la lidia en Canarias, nadie protestó. Porque ya habían pasado varios años sin que se celebrara ninguna corrida de toros, porque Canarias carece de cabaña brava y porque, a fin de cuentas, es una comunidad que nunca ha planteado conflictos de interés con el resto del Estado. Catalunya tampoco tiene cabaña brava, y ya son muy pocas las corridas que se celebran en su territorio, pero es prácticamente el motor de la economía española y su ejemplo puede ser determinante en el resto del Estado. No han sido los catalanes los que han tenido en cuenta asuntos nacionalistas o identitarios a la hora de prohibir la lidia. Son los nacionalistas centralistas los que sí lo han hecho, intentado ocultar muchos otros asuntos turbios que les conciernen. Ya veremos qué ocurre si la abolición de la lidia se extiende por el resto del país. Igual hacemos la revolución aquella de la que nos privó, entre otros, el indeseable Fernando VII; por cierto, artífice de la vuelta a la legalidad de la lidia y del regreso de la Inquisición. ¿A cuento de qué van diciendo por ahí ciertos intelectuales que con la abolición de la lidia Catalunya ha reinstaurado la Inqusición? ¿De verdad saben lo que dicen? Como diría mi abuela: “Nunca tal cosa vi. Sentido ven a los pies que a la cabeza no quies”.
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