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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

El suicidio es un acto morboso, decadente y cobarde

Clemente Ferrer (Madrid)
Redacción
jueves, 12 de agosto de 2010, 03:11 h (CET)
Alejandro Dumas aseveró que: “El mayor de los delitos es el suicidio, porque es el único que no tiene arrepentimiento”.

Las personas morimos, fundamentalmente, por infarto o carcinoma. Pero lo más alarmante es que las agonías por suicidio y por dolencias del sistema nervioso, como la esclerosis, alzhéimer o la demencia senil, se colocan al frente de las defunciones. El suicidio es la primera causa externa de defunción; cerca de 3.500 personas fallecen anualmente.

En el año 2008 una media de nueve mortales dispusieron quitarse la vida cada día; más de la mitad eran varones, frente a los ocho conductores que agonizaron a diario en alguna autopista, según los informes proporcionados por el Instituto Nacional de Estadística

"Es importante subrayar que el suicidio es un acto morboso, decadente y cobarde", afirmó el director de cine alemán Oliver Hirschbiegel.

También están a la cabeza de los fallecimientos, las dolencias atañidas con el aparato respiratorio como, la escasez respiratoria o la pulmonía.

Por otra parte, las mozas sucumben de padecimientos cardiovasculares; infarto cerebral y tumefacciones. Le sigue la isquemia cardíaca. Sin embargo las muertes por tumores ponzoñosos y el cáncer de mama torna a ser el más pernicioso, secundado por el cáncer de colon. Los mortales masculinos padecen de insuficiencia coronaria. El infarto y la angina de pecho son la primera causa de defunción entre varones.

Japón es el país con el índice más elevado de suicidios del mundo, con más de 35.000 inmolaciones anuales. En el país del sol naciente, una persona se quita la vida cada 15 minutos.

Vivimos en una cultura de la muerte aunque esté oculta tras los ropajes del consumo y del bienestar. Basta profundizar un poco para que esta indigencia moral se presente tal como es, con un egoísmo feroz, una violencia agresiva y el poco respeto por la vida, que es un don divino. Hay que contraponer una “cultura de la vida”, localizada en el regazo de la familia, frente al “imperio de la muerte”.

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