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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Mal porvenir

Jesús Martínez (Gerona)
Redacción
jueves, 12 de agosto de 2010, 03:01 h (CET)
Como ciudadano español me siento en la obligación moral ineludible de trasmitir mi opinión. A mi juicio, deben de tenerse en cuenta varios hitos que van a condicionar el futuro de una democracia en España.

-Las democracias vacilantes y preocupadas exclusivamente por el voto (objetivos electorales) están condenadas al fracaso y a dar paso más tarde o temprano a gobiernos dictatoriales, bien dentro de la misma democracia (mal menor) a bien fuera de la misma.

-Las democracias que no cumplen la separación auténtica de los tres poderes están abocadas a desaparecer, a llevar como mínimo una vida vacilante en la cual caben todos los males que tenemos actualmente en la sociedad española; como corrupción, despilfarro, nepotismo, falta de honradez y abusos de poderes sobre los más débiles.

-Durante la corta vida la clase política ha introducido en la sociedad todas las características que han hecho de ella una sociedad enferma.

Se han socavado y mucho veces, todas aquellas realidades y símbolos a que hacen de una nación, un ente vivo capaz de superar dificultades y mejorar.

Se insiste en la destrucción de la identidad religiosa de España y simultáneamente de la familia.

Como consecuencia de esto último se ha desarrollado una cultura de baja calidad y solo digna de presentarse en los medios de comunicación de la más baja estofa.

En aras de una pretendida liberación de la mujer la inducen a la pérdida más clara de su dignidad, al aborto, al asesinato de su propio hijo.

La desaparición de muchas de las libertades individuales, cada día aparecen nuevas prohibiciones, en beneficio de unas supuestas libertades colectivas preconizadas y diseñadas por el partido.

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Banalización

Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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