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Sobre el debate nacional de los toros
Mario López
En el debate mediático que sobre la lidia se ha abierto en todo el país a raíz de su abolición en Catalunya, se han publicado artículos verdaderamente interesantes. Uno de ellos, para mí de lo mejor escrito por un taurino, argumentaba que en tiempos inmemoriales el toro existía en toda Europa, pero que hoy sólo sobrevive en los países donde existe la lidia: España, Francia y Portugal. A este argumento añade unas preguntas: ¿y ahora qué se va a hacer con unos animales que son peligrosos pero a los que ahora ya no se les puede sacar partido? ¿Se les puede obligar a los ganaderos a que sigan cuidándolos cuando ya no les son rentables?
Toda la argumentación parece muy razonable y, sobre todo, es original. Pero me temo que no tiene mucho recorrido. En primer lugar porque la prohibición de la lidia sólo rige en Catalunya y Canarias, dos territorios en los que la cabaña brava es inexistente. Y, en segundo lugar, porque si algún día la prohibición de la lidia se impone en todo el Estado, lo que habrá que plantearse no es el abandono del toro a su extinción, sino la forma de rentabilizar su crianza. Los leones son infinitamente más peligrosos que los toros, y a ningún país africano que cuenta con estos felinos en su territorio se le ha ocurrido exterminarlos o dejarlos desaparecer. Es más, para países como Zambia el león representa uno de sus primeras fuentes de ingresos, al ser un gran reclamo turístico. Otra cuestión es si deberíamos dejar la cabaña brava en manos de los ganaderos. Pero lo que me parece que no admite discusión es que el toro puede sobrevivir igual o mejor sin lidea que con ella. De hecho, si acabamos con la lidia y demás fiestas donde se da martirio y muerte al toro (alrededor de 30.000 muertos al año víctimas de la violencia) podríamos ver una imagen hasta ahora inédita: un toro viejo. Siempre se ha dicho que llegar a viejo es lo mejor que te puede pasar; y con la lidia eso es imposible, pues todos los toros que mueren en la plaza lo hacen en plena adolescencia. Para los cuidadores de las reservas de leones en Zambia la lidea es un acto atroz de salvajismo. Y Zambia pertenece al Tercer Mundo.
Dicen los taurinos que la prohibición de la lidia es un atentado contra la libertad del hombre. Yo afirmo que, por el contrario, garantiza la libertad del hombre que quiere ver a un toro viejo.
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