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Etiquetas:   Análisis internacional   -   Sección:   Opinión

Colombización

Isaac Bigio
Isaac Bigio
martes, 10 de agosto de 2010, 08:30 h (CET)
El 7 de agosto Juan Manuel Santos juró como el 59* Presidente de Colombia. El ha llamado a tender la mano a sus adversarios para solucionar las dos características que más han venido destacando a su país dentro de las Américas. Una es la de ser allí la república con el más antiguo y profundo conflicto armado interno y otro es la de ser la que tiene más problemas con sus vecindario.

Desde hace más de 6 décadas Colombia ha sido el escenario de numerosas guerrillas, las mismas que, tras el ejemplo de la revolución cubana de 1959, adquirieron una fisonomía pro-castrista. Estas, a su vez, han llegado a dotarse de decenas de miles de combatientes y simpatizantes, y a controlar importantes zonas de la república, algo que nunca antes ni después ha conseguido otra guerrilla de raíz marxista en Sudamérica. Encima, los ejércitos paramilitares y el narcotráfico llegaron a adquirir una proporción nunca antes vista en la región.

El nuevo mandatario de Bogotá ha sido pedido por la justicia ecuatoriana por haber ordenado hace dos años el exterminio de un campamento de las FARC en su territorio, mientras que, apenas él ganó las elecciones, Venezuela rompió relaciones con Colombia. Las dos crisis externas que Colombia ha tenido han sido producidas a raíz de denuncias de que la guerrilla de su nación opera desde los países vecinos y, en ambos estallidos, se ha llamado a movilizar tropas a las fronteras. Las disputas de Bogotá se extienden, además, al tercer vecino del ALBA que tienen (Nicaragua) quien les reclama la soberanía de las islas de San Andrés.

En el lenguaje de la política mundial se suele utilizar la palabra ‘balkanización’ o ‘yugoslavización’ al proceso por el cual un territorio se fragmenta en múltiples Estados. Sin embargo, antes que la península balcánica empezase a desintegrarse a fines del siglo XIX e inicios del siglo XX o que Yugoslavia se escindiese durante la II guerra mundial (1939-45) o tras el fin de la guerra fría (post-1991), Colombia fue un ‘modelo’ de fractura estatal.

La palabra ‘Colombia’ fue creada o utilizada por Miranda y Bolívar para unir al continente de Colón. Sin embargo, bajo este término solo se llegó a nombrar la república que comprendió al virreinato de Nueva Granada (uno de los 4 que conformó Hispanoamérica), el mismo que, poco antes, había perdido el control de Trinidad y Tobago. La Colombia que Bolívar creó el 7 de agosto de 1819, a su vez, acabó repartida entre 4 nuevas repúblicas (Colombia, Ecuador, Venezuela y Panamá) y territorios que fueron para Costa Rica, Nicaragua, Brasil, Guyana y Perú.

El término ‘colonización’ ya no se usa tanto para referirse al proceso de división de una república (pues la de Panamá en 1903 fue la última fractura de Colombia) sino para el ingreso de una nación a una situación donde muchos grupos armados controlan diversas partes del territorio.

Si Santos no logra revertir los conflictos interno y externo que tiene Colombia, el proceso de colombización puede salpicar al resto de la región ya sea generando un rebrote de grupos armados internos (como en el Perú o Centroamérica) o radicalizar a los movimientos regionalistas hacia una forma de separatismo (en el caso de Venezuela, Ecuador y Bolivia).

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