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Chris Dodd y la política del beneplácito
E. J. Dionne
WASHINGTON -- Respecto al papel y el funcionamiento del Senado de los Estados Unidos, mis taciturnas opiniones no podrían ser más contrarias a las de Chris Dodd, el Demócrata de Connecticut que se marcha a finales de año.
He llegado al extremo en que aboliría el Senado si pudiera. Es más profundamente antidemocrático que cuando lo crearon los arquitectos de la Constitución, y una instancia menos genuinamente deliberativa -- problemas agravados por la estrategia de aplazamiento y veto de la oposición Republicana.
Dodd, por otra parte, es un senador de segunda generación (su padre Tom formó parte de la administración de 1959 a 1971) que reverencia a la institución. Hace poco era objeto de severas críticas vertidas en los blogs progresistas por defender parte de sus extraños hábitos y criticar las iniciativas encaminadas a reformar el veto legislativo.
"¿Cuál es la idea de tener un Senado? Si los márgenes de votación son idénticos a los de la Cámara, se podría dar portazo", decía a la prensa. "Esas ideas normalmente son promovidas por personas que no han pasado por aquí en la oposición y no entienden la forma en que el reglamento, si se utiliza con inteligencia, puede ayudar a protegerse contra la tiranía de la mayoría".
Cuando me senté con Dodd en el Capitolio la pasada semana para hablar de sus 36 años en el Congreso, no cambió mi postura hacia la mayor entidad legislativa del mundo. Pero me recordó algo que falta en nuestra vida pública: el beneplácito efervescente en torno a lo que la política democrática puede lograr.
Son mucho mejores los legisladores felices que los políticos amargados que se quejan de las indignidades que causa la democracia a la élite. Junto a su amigo, el difunto Ted Kennedy, Dodd siempre había sido uno de los guerreros más felices de todos. Los dos sabían saborear la victoria y valerse del humor para despejar el dolor de la derrota.
"Los de izquierdas sólo son felices cuando están en las últimas", dice Dodd, incluyéndose desarmadoramente a sí mismo en la categoría a la que está criticando. "Pero si predica el apocalipsis, se lo está poniendo fácil al otro bando. Ellos también predican su venida".
Los Demócratas, dice, cometen un error al quejarse constantemente del obstruccionismo Republicano. "Mitch McConnell es muy inteligente a nivel político", dice Dodd aludiendo al secretario Republicano del Senado, "pero le estamos reconociendo un mérito que no tiene... En medio de todo, se han producido algunos éxitos notables... Estamos tirando piedras contra nuestro tejado cuando decimos que no sabemos sacar nada adelante".
Y a continuación saca la lista de los muchos logros de su partido, incluyendo la reforma sanitaria, la reforma financiera que él defendió y un torrente de medidas más (discriminación laboral, salud pública infantil, ampliación del servicio social, reforma de los préstamos estudiantiles) que se han olvidado casi por completo.
El pecado original de los Demócratas en este Congreso, sostiene Dodd, fue el fracaso -- refiriéndose al fracaso del Comité de Economía del Senado --al llevar la reforma sanitaria al Senado durante el verano de 2009 en busca de lo que él llama "la ensoñación" del apoyo Republicano sustancial "Perdimos toda base, toda iniciativa", dice. "Les dimos todo este tiempo para definir el anteproyecto".
En cualquier caso, argumenta, el bipartidismo está enormemente sobrevalorado. "El partidismo no tiene nada de malo", fulmina Dodd. "Un poco más de cortesía legislativa sería bueno, pero fue el partidismo lo que dio lugar a este sitio". En las primeras décadas de la República, el Congreso era "un gallinero". "El partidismo simplemente plasma la realidad de la discrepancia en una sociedad libre.
Pero un partidismo sano no excluye a aquellos en las formaciones en la oposición que se tratan como seres humanos entre sí. Y en esto, dice, todas las instituciones que han impuesto la disciplina de partido se han deteriorado.
"Hemos arrebatado la socialización", dice. "Los legisladores no se conocen entre sí, y se tienen escaso respeto". Y la recaudación de fondos para las campañas se ha convertido en la obsesión contrarreloj. "Hemos creado una barrera igual de alta para presentarse a un cargo público que la de aquellas restricciones impuestas en relación al sexo, la raza y la propiedad privada. Hay gente que está recaudando dinero para presentarse en el 2014".
En cuanto al veto legislativo, su solución es sencilla: "Cuando utilices el veto, te vetas". Mantener abierta la sesión del Senado, obligar a los senadores a seguir dialogando, y elevar así el precio del veto legislativo.
Dodd puede sonar demasiado sentimental al hablar del antiguo Senado. Pero tiene razón al decir que la política podría suponer alguna alegría y que su propio partido no necesita tanto pesimismo. El cociente de felicidad del Senado descenderá seguro cuando se marche Dodd, y eso es realmente deprimente.
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