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Etiquetas:   Lencería fina   -   Sección:   Opinión

Michelle, maná para Marbella

Teresa Berengueras
Teresa Berengueras
@berealsina
domingo, 8 de agosto de 2010, 08:21 h (CET)
Michelle Obama, mujer del Presidente de los EE.UU., su hija pequeña Sasha y su amplio séquito de amigos y cuerpo de seguridad han revolucionado esta semana Marbella, localidad costera malagueña que durante tantos años fue centro de atención internacional por su turismo caro, por su lujo excesivo y por sus fiestas impagables llenas de personajes con nombre reconocido en todo el mundo.

Hacia ya muchos años que Marbella vivía de la “publicidad” de su pasado y algunos a base de malversar fondos y “robar” al pueblo como el alcalde Gil y posteriormente su sucesor Julián Muñoz, el descubrimiento del llamado Caso Malaya, aún no resuelto y con mucho por ver, convirtió a Marbella en una localidad oscura y siniestra, muy alejada de esos fastos de la época del Príncipe Alfonso de Hohenlohe, de Gunilla von Bismarck y del recordado hermano de la Reina Fabiola, Jaime de Mora y Aragón.

En aquellos tiempos Marbella lucía como el oro que los árabes llevaban en sus collares, en sus anillos y en la mayoría de los baños de sus inmensas mansiones. El pequeño y encantador pueblecito de pescadores había desaparecido por obra y gracia de esa pareja de aristócratas que formaban Alfonso de Hohenlohe y Jaime de Mora y Aragón quienes convirtieron esa tierra andaluza en la meta de todo aquel al que le gustaba ostentar y enseñar todo lo que tenía.

Las propinas de los príncipes y emires árabes eran generosas y en las tiendas de nombre internacional y las más caras se vendían vestidos, bolsos, relojes y demás de cuatro en cuatro. Según estadísticas en Marbella durante los meses de verano, que son largos porque tienen buen clima durante muchos meses al año, no había nadie pobre, en las salas de fiesta el caviar iraní y el champagne francés se consumían como el agua embotellada, por centenares de kilos y litros. Las noches de fiesta eran incontrolables e inacabables.

Toda esta realidad se fue al garete cuando se descubrió que el amor al lujo estaba también anidando en el Ayuntamiento y muy especialmente en sus hombres más importantes, el alcalde y algunos pocos más, éstos en un abrir y cerrar de ojos con sus impropias manera de hacer y faltando a las más elementales formas de la ética despojaron al pueblo de lo que era suyo: dinero, y solares públicos creando exclusivas zonas ajardinadas en moles de pisos. Una forma de enriquecerse a la espalda del contribuyente. El alcalde Julián Muñoz, que ha estado en la cárcel por ello y aún tiene asuntos pendientes con la justicia, se enamoró de una folklórica que está imputada, no en el Caso Malaya sino en otro, por presunta evasión de capitales, lo mismo que la mujer del que fuera alcalde.

Todo un encaje de bolillos que sumió a Marbella en sus horas más siniestras, lejos del lujo, lejos del turismo rico, lejos del oropel. Esta semana todo el mundo en Marbella está contento, la visista de Michelle Obama les da un respiro porque todos, absolutamente todos, ven en ella el maná que les devolverá fastos y ricos visitantes, también poderosos como ella.

Michelle agrada a la gente, se le ve cercana y la vendedora que la atendió cuando compró dos vestidos “ad lib” aseguró que era cercana y muy normal, un apunte, la señora Obama puede parecer normal y ser cercana, pero no es “normal” porque es la Primera Dama de los EE.UU., lo que la obliga a tener constantemente a su lado tres filas de protección policial, ya sea española, americana o de donde sea, Michelle se muestra cercana y comunicativa porque debe serlo pero no se puede mover con la normalidad habitual en cualquier persona no pública.

Recordemos que esta semana ha visitado La Alhambra de Granada y ella, como tienen que hacer el resto de visitantes “normales y corrientes” no tuvo que pedir hora para verla. Se supo de su viaje al Sur y el dispositivo de visitas y de invitaciones llegaron por miles, no es normal, es la esposa de Barack Obama el Presidente de unas de las naciones más poderosas. En su estancia en el Hotel Villa Padierna se aloja en un espacio que vale 50.000 euros la noche y ayer su hija pequeña, Sasha, de nueve años y sus amigas que le acompañan en este viaje se bañaron en una playa que fue cerrada sólo para ellas porque así se solicitó y el departamento de Costas dio el visto bueno.

A pocos metros Michelle tomaba un refresco bajo una sombrilla mientras las niñas ocupaban 45 metros de playa cuando en España no hay playa privada alguna, bajo ningún concepto, si alguien me dice que todo ello es debido a medidas de seguridad, cortar calles, cerrar playas, etc. etc. me parece muy poco natural. Es obvio que cualquier primera dama debe tener su cuerpo de seguridad, pero también es cierto que hay formas y formas de actuar.

En este caso concreto no me gustaría entrar en comparaciones pero la verdad es que yo he estado con personajes que por su trabajo y por su proyección tienen seguridad y apenas si me he enterado. Menos es más, como en la moda, la sencillez lejos del boato siempre es la mejor medida. En Estados Unidos es probable que la seguridad funcione como lo han hecho ahora con Michelle en Marbella, aquí estamos acostumbrados a la discreción, es mucho mejor, quizá de esta forma Michelle hubiera sido más normal tal y como decía la vendedora.

Otro asunto es saber si efectivamente su visita a la localidad malagueña la hará volver a sus antiguos fastos, dicen que las calles de Marbella están llenas de paseantes con Lamborghini, Rolls y otros coches que sólo pueden pagar bolsillos generosos y también aseguran que las tiendas vuelven a respirar porque venden los vestidos a pares. A nadie le gusta la sequía económica y mucho menos si se ha conocido el oropel.

Me acuerdo ahora de la película de García Berlanga, “Bienvenido Mister Marshall”, los habitantes de un pueblo pequeño estaban contentos con banderas en la calle y con música recibiendo a unos americanos que les iban a salvar de la pobreza, cuando llegaron los americanos, pasaron de largo, ellos se quedaron cómo estaban.

Michelle es hoy el maná para Marbella, ignoro si la noche de ayer sábado acudió a la fiesta que daban Eva Longoria y Antonio Banderas para recoger fondos para distintas ONG, de hecho Eva y Michelle son amigas y siempre que la llama la “mujer desesperada” Michelle acude, en esta ocasión estando en Marbella donde se celebra “la gran fiesta del verano”, según la está denominando la organización, sería un desplante que no acudiera, si lo hace, por cierto que no olvide vestir de gala, gala, a una amiga mía que va a estar en esa fiesta cuando preguntó cual era el “dress code” la organización le informó que era de largo, ella les preguntó: “¿puedo ponerme un vestido corto muy bonito?” la respuesta fue cortante: “No, de largo es de gala, y cuando en Marbella es de gala, es gala”.

Algunos diarios americanos han escrito que las vacaciones de Michelle en el sur de España estaban siendo demasiado ostentosas y concretamente el “New York Daily News” ha escrito que Michelle está viviendo unas vacaciones como una moderna María Antonieta. Michelle y todo su grupo han levantado tanta expectación que quizá se escribe más de lo que es y forzosamente los diarios republicanos americanos se le echan a la yugular por esos cuatro días bajo el sol, quizá todo ha sido. “Mucho ruido para pocas nueces”.

Hoy Michelle se despide, esperemos que para volver con su marido en una visita que tiene prometida al Presidente Zapatero, una visita oficial a España en la que las precauciones policiales nos parecerán mucho más naturales que las de estos cuatro días, este mediodía Michelle saludará a los Reyes de España en Marivent y todavía ahora se ignora si será un almuerzo en la residencia de Don Juan Carlos y Doña Sofía o bien será un almuerzo en alta mar. Si Michelle está de vacaciones y los Reyes también los fotógrafos no, y los colegas gráficos tienen derecho a soñar con una instantánea inédita, les gustaría ver navegar por aguas mediterráneas a la Primera Dama al lado de los Reyes. Todo con mucha naturalidad, la que hasta ahora siempre ha regalado la Casa Real española.

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