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Bebés que se sueltan y principios que se abandonan
E. J. Dionne
WASHINGTON -- En lugar de gritar, voy a plantear la cuestión simplemente de una forma civilizada: Estimados Republicanos, ¿en serio queréis poner en peligro la herencia política más importante de vuestro partido convirtiendo la Decimocuarta Enmienda de nuestra Constitución en excusa del asco electoral?
Honestamente pensaba que nuestra política no podía caer más bajo, y de pronto surge este ataque al derecho a la ciudadanía y la introducción en el uso popular del desagradable término "bebés ancla", hijos que tienen los inmigrantes para la presunta finalidad de "anclarse" a los derechos estadounidenses y el estado del bienestar.
Particularmente deprimente es el hecho de que la idea de derogar la garantía de ciudadanía contenida en la Decimocuarta Enmienda a "toda persona nacida o nacionalizada en Estados Unidos" fuera respaldada por uno de los conservadores más razonables de la nación.
"La gente viene aquí a tener hijos", dice el Senador Lindsey Graham, R-S.C. "Vienen a parir. Se llama 'soltar y largarse". Para tener un hijo en América, cruzan la frontera, van a urgencias, tienen al hijo, y ese hijo tiene automáticamente ciudadanía estadounidense. No debería ser así. Eso atrae a la gente por todas las razones equivocadas".
¿Parir? ¿Cómo puede un convencido del derecho a la vida utilizar un término así?
No puedo decir más que la estimable columnista del Cleveland Plain Dealer Connie Schultz: "He vivido más de medio siglo y aún tengo por encontrarme a una madre de alguna parte del mundo que describa el agotador milagro de la vida como 'parir'".
Graham ha defendido desde hace tiempo la reforma integral de la inmigración, de forma que es difícil evadir la idea de que su mención del parto está diseñada para apaciguar a la derecha por ser "demasiado progre".
Igual de decepcionante: El Senador John McCain, otro valiente defensor en tiempos de la reforma de la inmigración que se enfrenta a unas complicadas primarias en Arizona el 24 agosto, trataba de esquivar el asunto. Decía que apoya "el concepto de celebrar vistas" sobre el significado de la cláusula del derecho a la ciudadanía contenida en la Decimocuarta Enmienda.
Esto es mejor que apoyar la derogación directa, pero supone toda una diferencia con respecto al viejo McCain cuya conciencia le obligaba a decir de los inmigrantes en situación irregular: "También son hijos de Dios, y necesitan cierta protección dentro de la ley, y necesitan nuestro amor y compasión".
Nada debería enorgullecer a los Republicanos más que el papel de su partido en la aprobación de lo que se conoce como enmiendas de la Reconstrucción o Guerra Civil: la 13 que puso fin a la esclavitud, la 14 que garantiza igualdad ante la ley y establece el estándar nacional de la ciudadanía, y la 15 que protege el derecho de sufragio. En aquellos tiempos, los Demócratas eran los demagogos raciales.
Los detractores de la Decimocuarta Enmienda utilizaban argumentos racistas contra los inmigrantes con el fin de intentar tumbarla, incluso si no había virtualmente restricciones a la inmigración por entonces. El Presidente Andrew Johnson jugó la baza agresivamente, como cuenta el profesor de Derecho de la Universidad de Baltimore Garrett Epps en su libro de 2006 sobre la enmienda "Democracy Reborn".
"Este apartado abarca a los estados chinos y del pacífico, los indios sujetos al régimen fiscal, el pueblo llamado gitano, así como la raza entera designada como negros, personas de color, africanos, mulatos y gente de ascendencia africana", anunciaba Johnson. "¿Tiene sentido político hacer a nuestra población de color entera y a todas las demás subclases ciudadanos de los Estados Unidos?"
Los Republicanos estaban decepcionados por el hecho de que los gitanos se convirtieran de pronto en un gran riesgo nacional como parte de la campaña contra la enmienda. En su definitiva obra "Reconstrucción", el historiador Eric Foner cita a un senador Republicano que observa perplejo en 1866: "He vivido en los Estados Unidos ya muchos años y realmente he oído más acerca de los gitanos en los últimos dos o tres meses que en toda mi vida".
Los métodos de los políticos no cambian mucho, incluso si los objetivos de la demagogia sí cambian.
Epps cita una oración de 1859 de Carl Schurz, el inmigrante germano y líder Republicano que ayudó a impulsar el voto de su comunidad a Abraham Lincoln en 1864. Schurz se convertiría más tarde en un importante partidario de la Decimocuarta.
"Todos los elementos sociales y nacionales del mundo civilizado están representados en el nuevo país", afirmaba Schurz. En nuestra nación, "sus características peculiares se mezclan en virtud del poder asimilatorio de la libertad. Este es el origen de la nacionalidad estadounidense, que no se deriva de una familia, una tribu, un país, sino que incorpora los vigorosos elementos de todas las naciones civilizadas del mundo".
Esa es la tradición estadounidense y la tradición Republicana. Senador Graham, no renuncie a eso.
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