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Celebrando la deslegalización de las corridas de toros
Mario López
Me lo he estado guardando hasta ahora, hasta este feliz 28 de julio de 2010 en el que el soberano Parlament de Catalunya ha decidido poner fin al martirio secular padecido por uno de los más nobles seres vivos de nuestra geografía, deslegalizando las corridas de toros; con lo que, por otra parte, nos quita de encima a los ciudadanos de este pais el oprobioso estigma de la Fiesta Nacional.
Me he estado guardando hasta ahora la réplica al argumento más usado por los taurinos a favor de su causa: las supervivencia del toro de lídia que, gracias a ellos, vive en el mejor de los mundos posibles en la dehesa española. Al toro no le hace falta ningún adjetivo para vivir estupendamente en la dehesa, pues de ella es habitante autóctono desde hace siglos, y no necesita la ayuda del ser humano para sobrevivir; es perfectamente autosuficiente. Pero esta obviedad no es lo que he estado guardando hasta ahora, sino la más indignada denuncia que a estos sofistas de pacotilla les puedo hacer: ¿Cómo es posible que afirméis que sois los protectores del toro cuando lo matáis en la plenitud de su existencia, en la edad más hermosa que le toca vivir? Los toros que se sacrifican en la lidia son como chavales de 20 años que tienen toda la vida por delante. Y luego se preocupan por salvar al embrión humano. No concivo mayor muestra de sadismo y cinismo.
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