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De dictadores, prohibiciones y otros despropósitos
Mario López
La derechona desacomplejada considera a Rodríguez Zapatero un gran dictador por remitir a las Cortes una ley reguladora de la venta de chuches en el interior de los colegios. Lo que nos debería de alarmar es cómo se consintió alguna vez esta práctica.
¿Cómo es posible que en el interior de un colegio se permita colocar una máquina expendedora de chuches? ¿Es que ya se nos ha olvidado el famoso dicho: “dura menos que un caramelo en la puerta de un colegio”? ¿Pues qué puede durar el caramelo si está, no en la puerta, sino en el patio del recreo? ¿Qué control pueden hacer los padres sobre el consumo de chuches de sus hijos? ¿De dónde no sacarán dinero los críos para satisfacer sus instintos más básicos? Bueno, pues para los conservadores evitar este despropósito es cosa de grandes dictadores. Para estos conservadores para los que, sin embargo, el franquismo fue un régimen plácido que, entre otras cosas, te exigía ir a misa diaria si querías el certificado de buena conducta perceptivo para la obtención del pasaporte. No sé cómo calificar esta derrota conservadora, si cínica, ignorante o demencial. Quizá las tres a la vez.
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