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Esperanza Aguirre y las prohibiciones
Mario López
Esperanza Aguirre se defiende de las críticas a su iniciativa de prohibir el burka con sus argumentos de siemrpe: “y ZP más”. Acusa al presidente del Gobierno de “prohibirlo todo”. Más concretamente, el tabaco y las chuches en el colegio. Pues ya me imagino yo lo que tuvo que ser la casa de la lideresa hasta que los chicos se hicieron grandes: una bacanal tiberiana de niños poniendose hasta las orejas de donuts y canutos.
Lo que debe comprender la condesa consorte es que el pueblo llano es menos dado a libertinajes de palacio, de cuya naturaleza dan sobrada cuenta novelas y ensayos de historia en todo el mundo. Entiendo que ella esté mas próxima a los Borgia que a los mileuristas y demás trabajadores que viven en precario en la Comunidad que ella preside, pero tiene que entender que no todo el monte es orégano. Sin embargo, a doña Esperanza le parece muy bien prohibir el burka. Pues siguiendo su habitual análisis comparativo del “y tú más”, ¿por qué entonces no prohibe las procesiones de Semana Santa y demás, donde el cortejo se nutre de cofrades escondidos debajo de túnicas y capirotes que ríete tú del burka? Ah, amiga. Para Aguirre, como para absolutamente todos los sátrapas que ha habido en la Historia, no se trata de lo que se haga sino de quién lo haga. A eso, doña Esperanza, desde tiempos de Aristóteles, e incluso antes, se le llama tiranía.
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