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El talante de Fraga Iribarne
Mario López
Está demostrado que, si es que alguna vez lo hace, el déspota atempera su iracundia cuando se ve al borde del sepulcro. Esto es lo que le debe estar sucediendo a Manuel Fraga Iibarne, otrora implacable con las armas a la hora de reprimir una manifestación de la entonces no soberana ciudadanía.
Ahora da gusto oírle hablar de las bondades del nuevo discurso político del Gobierno en relación con Cuba, o la ley del aborto y la ley del matrimonio entre homosexuales. Ha dicho algo cargado de sentido común, sensatez y espíritu democrático. Ha dicho que no es partidario de retirar esas leyes sino de buscar fórmulas que impidan un abuso en su práctica. Muy razonable, salvo que le veo una objeción: ¿por qué no se hace exactamente lo mismo con todas y cada una de nuestras leyes? Quizá porque no haga falta, porque la propia norma fija los límites de su aplicación. En fin, aunque me parece absolutamente innecesaria su reflexión, le agradezco el talante, don Manuel.
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