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Sociología-ficción
Mario López
Un poco de sociología-ficción. Imaginemos que, de repente, al soberano pueblo se le enciende una luz esclarecedora en ese adocenado cerebro colectivo tan suyo y su hasta ahora plano encefalograma empieza a dibujar líneas quebradas. Sé que pido un esfuerzo de imaginación extraordinario, pero estamos en vacaciones y no ponemos en riesgo la zanja que estamos cabando, la cuenta que estamos cobrando, la caña que estamos tirando, la vena que estamos pinchando, ni la papiroflexia que estamos rematando.
Pues bien, imaginemos que, de repente, como un coro de millones de voces perfectamente empastadas, los soberanos ciudadanos decidimos mañana no encender la televisión, no comprar una sola camiseta más de la Roja, ni del Real Madrid, no volver a hacer una sola llamada con el móvil, dejar aparcado el coche donde lo habíamos dejado, e irnos todos de romería (o, si se prefiere, de botellón) a la Casa de Campo. Imaginemos que los soberanos ciudadanos creamos la Asociación del Escote, por medio de la cual y con una aportación de dos euros por unidad familiar, tenemos para pasar el finde en improvisados merenderos en pleno pulmón de la capital. ¡Impresionante! Primero, lo bien que nos lo íbamos a pasar. Segundo, lo barato que nos iba a salir. Tercero, la cantidad de gente como nosotros que íbamos a conocer.Y, cuarto, en una semana hemos hecho la Revolución; hemos puesto a Botín y sus adláteres encaramados al alfeizar de las ventanas de sus lujosos despachos enfrentados a una duda crucial: “¿Me tiro o reparto?” Veríamos a nuestros héroes dándonos contento por el mismo precio que nosotros hasta ahora les venimos manteniendo en el paraíso terrenal. ¿No estaría mal, verdad?
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