|
Una de cuernos e hipócritas
Almudena Negro
Adiós en la tierra de Dalí al arte que tan magníficamente glosara Hemingway o retrataran Picasso y Goya, todos ellos acaso por políticamente incorrectos pronto proscritos en la “Catalunya LLiure y Socialista” que se está construyendo de la mano de José Luis Rodríguez Zapatero, verdadero alma máter del nacionalsocialismo catalán, a pasos agigantados en la antigua región española. Como durante la dictadura franquista sucediera con el cine, los catalanes que quieran ver una corrida de toros deberán irse a Francia (o, peor aún, pensará Carod, a España) gracias a la imposición totalitaria de unos dictadorzuelos de medio pelo con escaño. Por cierto, excepcional y necesario el discurso en defensa de permitir el arte de Cuchares que hizo Albert Rivera (“yo no voy a los toros”) en nombre de la libertad. Les recomiendo verlo en Youtube. Vaya papelón, por otra parte, el de la asociación promotora de la iniciativa prohibicionista, cuya falta de ética y servilismo político al no presentar iniciativa pidiendo la prohibición de los toros embolados (debe ser que los animales de los correbous no “sufren” porque la bárbara tradición de maltrato animal es catalana) es manifiesta...
Digamos la verdad: hacía ya tiempo que el toreo en Cataluña, como en otras partes de España, estaba condenado a desaparecer de forma natural. Sólo un cartel importante al año. El resto, espectáculo folclórico de toreo de ovejas destinado a turistas. A las jóvenes generaciones no les interesa una tauromaquia que ni comprenden ni conocen.
Lo cierto es que los toros se han prohibido en Cataluña porque la casta política catalana (que debe desconocer que la tauromaquia tiene raíces profundas también en otros países como Francia o Méjico) quiere prohibir España.
Dejando de un lado el daño económico que la prohibición va a ocasionar o que Barcelona sigue promocionándose internacionalmente con imágenes de la Monumental y de la muñequita flamenca que los sectarios antiespañoles quieren condenar a desaparecer engullida por el fuego en la hoguera de su odio; que el debate taurinos-anti taurinos es antiquísimo , lo cierto es que la anunciada decisión ha provocado el estupor en buena parte de la flora y fauna periodística, cómplice del nacionalismo y que normalmente calla ante el totalitarismo y se deshace en palabras políticamente correctas como consenso, pluralidad…
Ahora es cuando muchos se han dado cuenta, o dicen haberlo hecho, de la realidad. Lástima que no montaran desde sus tribunas la misma escandalera y se indignaran igualmente cuando el régimen catalán decidió que rotular en español era causa de multa y persecución. O cuando se persigue el español en los colegios. O cuando se fomenta la delación. O cuando se agrede a las personas por el hecho de no ser nacionalistas. ¡Ha habido y hay tantos motivos!
Lástima que ellos, tan intelectuales, tan listos, tan guapos, tan demócratas, tan progresistas, hayan reaccionado cuando lo que se prohíbe son las corridas de toros. Al final ellos, como otros, sólo se mueven cuando lo que corre peligro es un espectáculo o un club de balompié puede bajar a segunda.
Fútbol o toros. Pan y circo. Y Libertad, que diría Lenin, ¿para qué?
|