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Etiquetas:   Cartas al director   -   Sección:   Opinión

Cincuenta y ocho años después

D. Martínez, Burgos
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@DiarioSigloXXI
viernes, 10 de febrero de 2017, 00:00 h (CET)
Los datos aportados por el Informe del Observatorio Cubano de los Derechos Humanos, indican que cincuenta y ocho años después de la revolución castrista, Cuba sigue anclada en un sistema político que un día prometió libertad e igualdad pero eligió el camino equivocado del comunismo. La historia y el sufrimiento del pueblo cubano han ofrecido suficientes razones a la comunidad internacional para que no se olvide de sus justas reivindicaciones.

El futuro de Cuba, en un momento complejo en América Latina, pasa por el respeto a los Derechos Humanos y una apuesta decidida por una transición política hacia la democracia. Sólo ese camino hará posible un futuro en paz y prosperidad.
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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

El riesgo feminista

Hace unos días el arribafirmante escribió sobre los peligros del neomachismo
 
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