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Opinión
Etiquetas:   The Washington Post Writers Group  

Medicina de charlatanes para los impuestos

Ruth Marcus
Ruth Marcus
viernes, 30 de julio de 2010, 04:39 h (CET)
WASHINGTON -- El debate Republicano moderno en torno a los impuestos parece reducirse a dos principios, equivocados ambos: los impuestos se pueden bajar, pero nunca debe permitirse que suban. Y cualquiera que sea el tipo impositivo de los impuestos, es demasiado alto.

Acuérdese del principio de la bajada tributaria impuesta por la
administración Bush. Parece casi imposible de creer, pero la motivación
entonces era que el superávit presupuestario era demasiado alto. Había, o
eso nos aseguraba el Presidente George W. Bush, abundante liquidez en las
arcas públicas para bajar los impuestos a todo el mundo y proteger el
superávit de la seguridad social y reservar 1 billón de dólares a lo largo
de la próxima década para "necesidades adicionales de gasto" y rebajar la
deuda nacional.
"El pueblo de América viene pagando demasiado y, en su nombre, estoy aquí
para pedir la devolución tributaria", decía Bush al Congreso en febrero de
2001.
Ya sabe lo que pasó después. Se produjo la devolución. El supuesto
superávit se esfumó. El superávit de la seguridad social se consumió. En
lugar de ser abonada, los 3,3 billones de dólares de deuda nacional se
dispararon hasta 9 billones.
Lo único que siguió estando al mismo nivel fue el clamor que reclamaba
bajadas tributarias. Mismo debate, distinta motivación. La bajada
tributaria Bush caduca a finales de este año, y el debate ahora dice que
debe ampliarse -- a todo hijo de vecino. Esta vez no porque el tipo mínimo
se encuentre demasiado saneado sino porque la economía está cogida con
alfileres.
Yo expresaba mi frustración hace unas semanas con la negación sistemática
entre los círculos Demócratas de izquierdas acerca de la necesidad de
meter en cintura el gasto social y su convencimiento de que asediar a los
ricos a impuestos por sí solo soluciona el problema fiscal. Pero la
postura Republicana parece desvinculada de forma aún más intransigente de
la realidad. Quizá se produzca algún momento mágico en el que los
Republicanos acepten la realidad de que la administración necesita más
recaudación de la que actualmente está entrando -- pero no he tenido
noticias aún.
Todo lo contrario. En un desayuno con la prensa el otro día, el Gobernador
de Minnesota Tim Pawlenty, una de las estrellas de ascenso meteórico del
Partido Republicano y posible candidato presidencial en 2012, era
preguntado por su reacción si la comisión de deuda pública del presidente
recomienda una mezcla de recortes del gasto y subidas tributarias.

"Nada buena", decía Pawlenty. "Creo que se puede defender de forma creíble
la idea de que los Estados Unidos de América tienen demasiados impuestos
en comparación con nuestra competencia". En la práctica, Estados Unidos se
encuentra a la cola en términos de fiscalidad impositiva -- el 28% del
producto interior bruto en el año 2007, según la Organización para la
Cooperación y el Desarrollo Económico, en comparación con una media del
36% en los 30 miembros de la OCDE. Sólo Corea del Sur, México y Turquía
tienen tipos más bajos.
Por supuesto, Pawlenty no está solo en sus espejismos fiscales. El
secretario de la oposición en el Senado Mitch McConnell proclamaba a los
cuatro vientos el otro día que las bajadas tributarias Bush estimularon en
la práctica la recaudación. "No hay ninguna prueba en absoluto de que las
bajadas tributarias Bush hayan reducido realmente la recaudación", decía
el Republicano de Kentucky Brian Beutler, de la página TPMDC. "Elevaron la
recaudación, a causa de la reverberación de estos recortes de los
impuestos por la economía".
He aquí unas pruebas. La recaudación bajó del 21% del PIB durante el
ejercicio fiscal de 2000 al 17,5% en el 2008. (Estoy evitando el descenso
inducido por la recesión, hasta un 15% este ejercicio y el último).

Lo que nos devuelve a la cuestión de si sería arriesgado o no dejar que se
agoten las bajadas tributarias Bush. Como cuestión práctica, Demócratas y
Republicanos convienen en que los recortes deben seguir en vigor, al menos
temporalmente, en el caso de las familias que ingresan menos de 250.000
dólares al año. Es una idea debatible. El anterior gobernador de la
Reserva Federal Alan Greenspan, cuya aprobación fue responsable de sacar
adelante las bajadas tributarias desde el principio, decía hace poco que
La verdadera decepción se da a cuenta de ampliar los recortes a las rentas
más altas, y esto aún a pesar de que los supuestamente sensatos
fiscalmente hablando Demócratas -- habló de usted, Kent Conrad -- no han
presentado ninguna oposición. La clá del no más impuestos advierte contra
subir los impuestos en recesión -- una idea correcta, menos en que hay
formas más eficaces de desatar el crecimiento económico que regalar dinero
a aquéllos que es menos probable que lo gasten. Alternativamente, citan --
e inflan -- el supuesto impacto de subir los tipos mínimos a la pequeña
empresa.
Resultaría más convincente si el discurso Republicano fuera diferente a
"nada de impuestos nuevos, nunca jamás". Las circunstancias económicas y
fiscales pueden cambiar, pero la receta sigue siendo la misma. Y el
paciente está demasiado convaleciente para tolerar otra dosis de esta
medicina de charlatanes.
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