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La necesidad de dios
Mario López
Me hace gracia la manera que tienen algunos de argumentar la existencia de dios: “Existe porque es necesario”. Coño, también es necesario tener mil euros de sobra para irte a pasar una semana de vacaciones debajo de un puente, y, mira, los benditos billetes no aparecen por ningún lado. Si todo lo necesario cobrara vida, este planeta podría ser algo así como El Jardín de las Delicias, o la isla de las Espérides, o Jauja, incluso.
Tiberio se fue a Capri a darle rienda suelta a sus más que reprobables instintos pedófilos, y tengo para mí que jamás se planteó la necesidad de un dios, pues él mismo se tenía por tal y nadie le llevó la contraria. Dios es todo aquel que puede hacer de su capa un sayo, pasando por encima de gobiernos, tribunales de justicia y cajeras de Caprabo. De hecho, el Club Bilderberg viene a ser algo así como el Olimpo de los dioses de ahora. La pregunta que yo me hago es: ¿Nos hace falta a los soberanos ciudadanos tantos dioses? ¿Uno siquiera?
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