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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿El PP votando mociones independentistas? ¡El colmo!

Miguel Massanet
Miguel Massanet
jueves, 29 de julio de 2010, 07:25 h (CET)
Preocupante. No hay otra manera de definir lo que está sucediendo en el PP fruto, indudablemente, de la política de medias tintas que está llevando a cabo el señor Rajoy, que sigue empeñado en jugar a una política indefinida, de medias palabras y de contradicciones manifiestas, que están poniendo en jaque a unas bases asombradas, que no logran entender como, un día se defiende a ultranza la unidad de España y, al día siguiente se les guiña el ojo a los partidos nacionalistas; en busca, no se sabe bien, si de extrañas alianzas para hacerse con el poder o hacerles el juego a los de CIU, esperando alcanzar alguna recompensa política a cambio. Y digo que resulta difícil de asimilar que un partido, como el PP, que se construyó sobre sólidas raíces, se desarrolló con el apoyo de todos aquellos que no creíamos en las promesas de los socialistas y menos en los proyectos nacionalistas –que ya se estaban empezando a desarrollar en comunidades como Catalunya, País Vasco y, aunque quizá con menos virulencia, al menos en un principio, en Galicia y las Baleares –; haya dado un giro tan pronunciado hacia posiciones complacientes con ciertos temas sobre los cuales, la feligresía popular, nunca había tenido duda y constituían el santo y seña de una sólida ideología de derechas, fundada en las columnas básicas de pensamiento de la cultura cristiana y la unidad nacional; incompatibles con las teoría modernas imperantes de la relatividad y de ciertos progresimos capaces de justificar crímenes, como el aborto; las cesiones a las ambiciones separatistas de ciertos partidos o determinados planteamientos que defienden tendencias sexuales aberrantes, en base a supuestas libertades, que prescinden de la moral y la ética, aceptando como buenas, conductas egoístas e insolidarias, que sólo conducen al caos de las ideas y al derrumbe del concepto de nación.

En un partido político se puede aceptar que haya distintas corrientes de opinión. Podríamos decir que hasta es saludable que existan, por constituir un plus de democracia que permita a los afiliados intercambiar ideas, proponer nuevas experiencias y reforzar más, si cabe, el entramado ideológico de la formación; siempre, esto sí, que todo tenga lugar dentro de una ortodoxia, de unos límites concretos marcados por las líneas maestras que sostienen el entramado ideológico de la formación. En consecuencia, el que determinadas desviaciones, a mi entender de suma gravedad, se vengan tolerando en el seno del PP, sin que se aplique contra ellas una terapia de choque, que las arranque de cuajo, sin contemplaciones, como se arranca la mala hierba para que no invada el sembrado de trigo y acabe por echarlo a perder; es una muestra más de la actuación endeble de la dirección del partido. Es evidente que, en cuestiones de menor importancia, se puede permitir una cierta flexibilidad a los integrantes de ayuntamientos, diputaciones, gobiernos de comunidades autónomas y demás cargos públicos ocupados por miembros del PP; no obstante, no es de recibo que, como ha sucedido estos días pasados, se puedan producir situaciones que, de por sí, hacen chirriar todos los engranajes del partido; a la vez que siembran el desconcierto entre las filas de miembros y simpatizantes, que se ven sorprendidos por actuaciones que más bien se las podrían atribuir a miembros de otras formaciones de ideas políticas opuestas, debido a que conculcan los principios básicos tradicionales de las derechas nacionales.

El hecho de que en dos comunidades autónomas españolas (al menos de momento) miembros del PP hayan dado sus votos a propuestas independentistas, queda fuera de toda lógica y, sin duda, mina gravemente la, ya tambaleante, confianza que muchos que, fuimos miembros, simpatizantes o admiradores de señores como don Manuel Fraga o José Mª Aznar; habíamos depositado en el PP, considerándolo un freno, un valladar o un defensor insobornable de la unidad indivisible de España, como patria de todos y de la igualdad de los españoles ante la ley, fuere cual fuere la comunidad en la que estuvieren afincados. El Círculo Balear ha denunciado que viene recibiendo cientos de protestas de votantes del PP, residentes en varios pueblos de Mallorca, avisando de que el PP de su localidad ha votado a favor de mociones independentistas, presentadas por los partidos nacionalistas. Concretamente, se habla de una plataforma independentista, creada el diciembre pasado que, imitando a los partidos separatistas catalanes, proponen celebrar referendos o consultas soberanistas. Esta plataforma se autodenomina “Avançam” (Avanzamos) y su objetivo es abogar por “del derecho a decidir del pueblo de las islas Baleares, en colaboración con los territorios de los países catalanes”. Curiosa manera de salir de Guatemala para entrar en Guatepeor, muy propia de algunos de mis paisanos que, en lugar de utilizar la cabeza para pensar, prefieren utilizarla para llenarla de grillos. Les puedo asegurar que son minorías que, gracias a esta infumable ley de Hont, han conseguido hacerse, ayudados de corruptos, con el gobierno de las Baleares. Pero, ahí los tienen desbarrando y, por si fuera poco, algunos del PP han decidido apoyarlos. Pero no les demos la culpa, como tampoco se la podemos dar a este ex secretario general del PP en Galicia que, el Día de Galicia, sin encomendarse ni a Dios ni a la Virgen María, ha preparado un manifiesto en el que se hace apología de la imposición del gallego pidiendo a los “responsables políticos” que reflexionen sobre la necesidad de poner al día “el autogobierno” a la par del resto de Nacionalidades Históricas”. Como curiosidad, podemos decir que este manifiesto, escrito en gallego, según los entendidos, contiene hasta 8 errores gramaticales, lo que no habla muy bien de este diletante de la lengua gallega, muy bonita por cierto.

Pero, no es de ellos la culpa de tamaña incoherencia cuando, dentro mismo de la Dirección del partido, auspiciada por el propio señor Rajoy, se mantiene una línea de acercamiento a los nacionalismo; el tema del catalán, el gallego y el vasco siempre se ha tocado con algodones, por miedo a indisponerse con aquellos que quieren imponerlos sobre el castellano; hasta el punto de que han decidido erradicar el idioma nacional de sus autonomías, por todos los medios posibles, incluso multando a los que se empeñan en usarlo para rotular sus establecimiento; todo ello con el beneplácito del Gobierno, que lo apoya, y con la complicidad del señor Rajoy. Pero ¡si en el propio tema del Estatut catalá!, después de publicada la sentencia del TC, en la que se admite la existencia de artículos inconstitucionales, en lugar de alegrarse y lanzar un ataque furibundo para que se erradique del texto la parte que se ha declarado ilegal, parece como si el señor Rajoy quisiera pasar inadvertido, obviando el tema, como si se avergonzase de haber interpuesto el recurso de inconstitucionalidad. Porque, señores, la cuestión del catalán va adquiriendo dimensiones desconocidas hasta ahora. Si, en el Senado, ya se ha aprobado la nueva torre de Babel idiomática y cada quisque hablará el idioma que le parezca, con el consiguiente gasto en traductores; hace pocos días, la señora Chacón obligó a un mando del Ejército a rectificar, porque se había negado a pagar unas facturas, del ayuntamiento de Figueras (Catalunya), que se le remitieron en catalán. Le obligó a humillarse a transigir con esta clara provocación. Pero, a esta señora, habrá que recordarle que: las lenguas autonómicas nada más pueden ser exigibles dentro de las propias comunidades y, ningún español que resida fuera de ellas, tiene la obligación de entenderla; antes al contrario, lo que sí debiera preocuparle a nuestra ministra de Defensa es que todo español, todo español, repito, sea madrileño o catalán, sí tiene el deber de conocer el castellano y usarlo, en cuanto se dirija a una autonomía castellano parlante.

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