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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Félix Millet

Rafael del Barco Carreras
Redacción
martes, 27 de julio de 2010, 23:50 h (CET)
FÉLIX MILLET, BANCA CATALANA Y CASO CONSORCIO DE LA ZONA FRANCA DE BARCELONA.

22-07-2010. El nombramiento de Mireia Astor del Bufete Piqué Abogados Asociados, o sea, Juan Piqué Vidal, para la defensa de Félix Millet, ha resucitado el caso Banca Catalana. Es lógico, si Millet según sus anotaciones recolectaba entre las constructoras para los muchachos (jerga Al Capone) de Jordi Pujol, y además Renta Catalana, la estafa por la que estuvo en los 80 unos días en la cárcel y se le condenó, se relacionaba con Banca Catalana, todo encaja.

Pero yo insisto intentando torcer las sospechosas y partidistas hemerotecas, y de paso contestar a quien se extraña que Millet elija a un abogado tan desprestigiado en una ciudad con 18.000 colegiados. Ya he contestado que el “maletín” no se desprestigia nunca, y si además viene acompañado por un toque de atención recordando tiempos pasados, por ejemplo, el caso Consorcio de la Zona Franca de Barcelona, 1980, el efecto disuasorio es doble. Piqué, que tenía el número de cuenta en Suiza del juez Luis Pascual Estevill, puede tener el de varios jueces o fiscales más… jubilados y “en activo”.

La Prensa marea la perdiz con el caso Banca Catalana (donde ¡oh milagro jurídico! procesarían al consejo de administración pero no a su presidente) como nexo entre Jordi Pujol, Félix Millet y Piqué Vidal, pero el nexo entre Piqué y los “jueces o fiscales” viene de antes; y de antes incluso del Caso Consorcio, pero se consolida en él. Sin intervenir directamente porque yo renuncié a su defensa sustituyéndole por Luis Pascual Estevill, a quién rápidamente compró, iniciando su asociación, el caso Consorcio pivota entre los abogados Juan Piqué Vidal, Luis Pascual Estevill y Rafael Jiménez de Parga, mas Javier de la Rosa, verdadero culpable, y Narcís Serra, acusador y gran beneficiado, ¡el no va más de toda corrupción!

En cuanto a los “jueces”, a partir de su “asociación” por los 60-70 con el juez Adolfo Fernández Oubiña (que junto a José Luis Barrera Cogollos, actual presidente de la Audiencia, formó el irregular Tribunal del Caso Consorcio) su ascenso en casos y “negocios” es imparable, aunque a mediados de los 70 tuviera un tropiezo con Renta Barna (chiringuito financiero similar y cercano a Renta Catalana) del que se salva por Javier de la Rosa. Y si con Jordi Pujol, atrapado en Banca Catalana, gana prestigio social, con Javier de la Rosa, salvado del Caso Consorcio, el dinero llovería ilimitado; del propio Consorcio, del Banco Garriga Nogués, de KIO, de Gran Tibidabo-Port Aventura, supuesto blanqueo… etc.etc. y ¡Ahora de Millet y Palau de la Música!

Como la pregunta de otro comentarista deriva al poder del “maletín”, ¡y ya preciso demasiado!, recomiendo, a él y demás curiosos, o posibles nuevos clientes del bufete ¡quizá les interese! la lectura de la parte de “Barcelona, 30 años de corrupción” editada en www.lagrancorrupción.blogspot.com el 13 de febrero del 2010, o todas las muchas páginas relacionadas con Banca Catalana y “sus jueces”, y para más referencias (aunque algunas sean dudosas, incluso las mías por las tendencias de las fuentes) adjunto en el mismo blog un artículo de EL PAIS sobre los jueces de Banca Catalana, y la de Wikipedia.

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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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