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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

El mundo real de Alphonse Mucha

Yolanda Plaza (Madrid)
Redacción
martes, 27 de julio de 2010, 23:42 h (CET)
Confieso mi pasión por éste artista checo. No existe un dibujo, una pintura, un diseño de éste genio que no me cause admiración. Siendo una niña, cuando pude ver por primera vez un trabajo suyo, quedé cautivada para el resto de mis días. Fue una experiencia comparable a la que experimenté cuando escuché, también por primera vez, una composición de Bach. Son milagros vividos que me abrieron los ojos y el alma, dando libertad a lo que moraba en mi interior, enseñándome cual sería mi camino en la vida, independientemente de mis circunstancias, totalmente ajeno al exterior.

Alphonse Mucha nació en Moravia, un 24 de julio de 1860, y murió en 1939, tras un interrogatorio de la Gestapo en Praga. En éstos días se celebra su 150 aniversario. Para los seguidores (marionetas) de las modas, la delicadeza en las formas y espíritu de la obra de Mucha, no tienen ningún atractivo. No es de extrañar que la manera de vivir y de ser de muchos de éstos individuos sea artificial, hueca y carente de sentimientos, atreviéndose a colgar el sambenito de “sensibleros” a los que reflejan sensibilidad.

Nunca podré olvidar mi visita a una exposición de Mucha organizada en Barcelona el pasado año, en el 2009. Al entrar en el recinto experimenté la sensación de salir de la realidad, aislada del mundo (de repente, los cientos de visitantes que estaban a mi alrededor dejaron de existir). La visión de cada obra me hacía estremecer; la pureza del alma en cada trazo, cada gesto femenino, cada flor, cada movimiento de los sinuosos tejidos, me invitaban a formar parte de un baile fantástico. Nada de lo que veían mis ojos permanecía estático; todo a mi alrededor estaba vivo, danzando al compás de una sinfonía etérea. Podía oler las flores, sentir el roce de las telas que envolvían sensualmente los delicados cuerpos de mujer; ellas me miraban con complicidad haciéndome formar parte de ése mundo maravilloso.

Al salir de la exposición volví a a ver máscaras sin rostro, a respirar el aire contaminado de la ciudad, a padecer el ruido ensordecedor de los autos. Una realidad tormentosa, de la que puedo escapar escuchando a Bach y recordando la visión de una obra de Alphonse Mucha.

El escritor rumano Emil Cioran dijo: “La música es un universo, infinitamente real, aunque inasible y evanescente. Un individuo que no puede penetrar en él, por ser insensible a su magia, está privado de la razón misma de existir”. El mundo de Alphonse Mucha tiene ésa magia, nos adentra en un universo rodeado de belleza, de sensibilidad y elegancia; nos da una razón más para seguir amando la vida.

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