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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

A Montilla le parece “casposo” hablar de la unidad de España

Miguel Massanet
Miguel Massanet
martes, 27 de julio de 2010, 22:59 h (CET)
Alabo a SM el Rey el que, en Santiago, haya rezado al Apóstol para pedir por España y por los españoles. Especialmente en aquella parte de su rezo que implora que se solucione la crisis; algo que, si nos paramos a escuchar al señor Rodríguez Zapatero, es cuestión de poco tiempo pero, si nos fijamos en los datos económicos de los expertos sobre el perfil de nuestra nación, no parece que los vaticinios de nuestro Presidente, como suele ocurrir con sus predicciones, tengan visos de cumplirse, al menos, en breve plazo. Pero lo que más me ha gustado de la plegaria de SM ha sido, sin duda, aquel breve párrafo en el que pide por la unidad de los españoles, la solidaridad y el afecto entre todos los ciudadanos que “asegura la solidaridad entre nuestras comunidades autónomas y que hace de España una gran familia unida al tiempo que diversa y plural”.

Sin ser monárquico, debo decir paladinamente que coincido, modestamente, con las palabras de nuestro Rey aunque, si se me permite, le recordaría aquel refrán popular que aprendimos de niño, que reza: “A Dios rogando y con el mazo dando”, algo que, en el caso que nos ocupa y viendo el cariz que toman los acontecimientos, con el gobierno de ZP, no está al alcance de los españoles de a pie ponerle remedio, sino en personas que, como SM, tienen influencia para mover voluntades y templar gaitas; para lo cual, mucho nos tememos que los plazos se estén agotando, la paciencia se esté colmando y el país descomponiéndose, mientras quienes tienen la obligación de reaccionar parece que han decidido mirar hacia otro lado, esperando que la Divina Providencia actúe por su cuenta para sacarnos las castañas del fuego.

Y digo lo que digo porque, este pelele que ha estado gobernando la autonomía Catalana, el señor Montilla, parece que ha comido sopa de letras si es que nos fijamos en que, de un tiempo a esta parte, toda la timidez de que hizo gala durante gran parte de la legislatura, parece que se ha transformado en verborrea, más bien verborrea diarreica, dando al traste con aquella falsa modestia y desvelando, de una vez por todas, su carácter arribista, que le ha permitido alcanzar el cargo que, tan inmerecidamente, ostenta, Lo malo del caso es que, haciendo honor a esta nueva hornada de políticos que estamos padeciendo, su nivel intelectual no pasa de ser el de un vulgar empleaducho de oficina al que, su oficio de trepador y su versatilidad política, lo han encumbrado a un puesto para el que, evidentemente, no está preparado. ¡Pero ahí le tienen!, en plan gran bonzo, convertido en un jerifalte y consiguiendo que, tanto el señor Zapatero como sus acólitos del PSC, estén empeñados en la labor de darle a Catalunya todas las “señas de identidad” que reclama, aunque sea por encima de la sentencia del TC, con tal de que los votos de los representantes del socialismo catalán den, en el Parlamento de la nación, el apoyo para que sigan perpetuándose en el poder.

Porque lo que está sucediendo en España es algo de juzgado de guardia. No sólo se ha permitido que los nacionalismos hayan pasado de la fase larvaria en la que se hallaban enquistados, a principios de la democracia, a la de crisálida; sino que, los partidos nacionalistas, se permiten sacar pecho y, de tanto en tanto, hasta osan opinar y darnos lecciones al resto de españoles (si es que podemos continuar calificando con el honroso título de españoles a los catalanes que, voluntariamente, se autoexcluyen de tal honor) de cómo debemos sentir nuestro amor por la patria e, incluso, se atreven a darnos consejos, como los que, el émulo enano de Companys, pretende que aceptemos de buen grado; al desfogarse ante el medio oficial de la Moncloa, El País, con una de estas parrafadas lapidarias, para ser consignadas en la Historia ( me refiero a la Historia de los gobernantes infumables, por supuesto)). Así se expresa el “estadista” Montilla: “Soy catalán y catalanista (¿desde cuándo, o es que ha renegado de Iznájar?) y soy español y federalista (¿Cómo se come esto?, porque a mí me parece tan absurdo como decir de una cosa que es blanca y negra a la vez), pero recrearse tanto con lo de la indisoluble unidad de España… pero ¿no saben cómo se hizo la Constitución? ¿Quienes fueron los inductores de estas expresiones? Recrearse en eso me parece innecesario, casposo, antiguo, no aporta nada”. Conviene aclararle a este señor que, si se toma la molestia de leerse la Constitución de 1978, es posible que no trate tan a la ligera eso de ser español, de la unidad de España, el respecto por la bandera española y la solidaridad entre todas las comunidades, bajo la vigilancia del Estado español. Ahora, si es que quiere que hablemos de lo que es casposo, no tenemos inconveniente en hacerlo, sobre todo si queremos recordar el origen de este presunto “estado catalán” nacido, precisamente, de un catastrófico once de septiembre de 1714, ¿hay algo más antiguo y casposo que basarse en una derrota para reclamar la soberanía de un territorio? ¡Apostaron por los Austrias y perdieron! Es posible que el “honorable” Montilla no haya tenido tiempo de leerse la Historia o bien ha preferido no recordarla pero, en todo caso, si en esta cuestión hay alguien que sea un casposo, no importa que mire muy lejos porque el calificativo le sienta de perlas a él.
Los catalanes se han olvidado de que, cuando la guerra civil de “els segadors” (catalanes realistas frente a catalanes independentistas), por la intervención directa de Pau Clarís, se ofrecieron a Francia para, como Andorra, quedar bajo su protectorado, como república independiente (en 1.641). Todo acabó en un fracaso, cuando los franceses entraron en España para socorrer a los catalanes, pero fue peor que si no lo hubieran hecho, debido a que se comportaron despóticamente con sus protegidos, peor incluso que las huestes de Felipe IV, con el que acabaron por volver a reconciliarse. Al final, tuvieron que ceder a Francia: El Rossellón; el Conflent; el Vallespir y parte de la Cerdaña, ¡otra gran victoria! ¿casposa? La oligarquía catalana se rebeló contra Felipe V, a pesar de que lo habían aceptado en un principio. Por fin se unieron a la Alianza de la Haya en contra del Borbón lo que, como consecuencia de los tratados de Utrecht (1.713 y Rastatt ( 1.714), volvió a dejar a la corona de Aragón sola ante el peligro y, como no podía ocurrir de otra manera, volvieron a perder ante Felipe V, en la batalla del 11 de septiembre de 1714; a pesar de que Rafael Casanovas estaba, blandiendo el estandarte de Santa Eulalia, subido a las murallas, arengando a sus tropas que acabaron por rendirse. ¡otra victoria! ¿casposa, señor Montilla?

Los catalanes tienen muchos méritos, pero entre ellos no tienen el de poder alegar haber sido una nación porque, en realidad, siempre han estado dominados por franceses o por los reinos de Castilla y León y, antes, por los romanos y los visigodos. En definitiva, señor Montilla, que si hay algo casposo de verdad es, en pleno SigloXXI, cuando se habla de la Comunidad Europea y de globalización, pretender volver a tiempos de Wifredo el Velloso, para reclamar una soberanía de la que nunca han gozado. Mejor sería que se ocupasen de enderezar el rumbo de Catalunya en lo económico (la mitad de las cajas catalanas, a pesar del FROB, están en peligro) o, ocuparse del creciente desempleo e intentar recuperar los miles de empresas que han desaparecido y las otras que, por no fiarse del Tripartit, se han desplazado a Madrid o al extranjero, a otras naciones donde se les han dado más facilidades y no les obliga a rotular en catalán. ¡Mucha soberanía, pero poca inteligencia y flexibilidad, para conservar la indiscutible potencia económica y financiera que, hasta hace poco, era el orgullo de esta autonomía!

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