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Etiquetas:   Ver   juzgar y actuar   -   Sección:   Opinión

Releyendo libros

Francisco Rodríguez Barragán
Francisco Rodríguez
martes, 27 de julio de 2010, 22:55 h (CET)
Aficionado a los libros de papel con tapas de toda la vida, no sé si llegaré a utilizar y habituarme al libro electrónico. Pienso que este novedoso invento resolverá sobre todo el problema de espacio. Tengo la casa llena de libros y me he hecho el propósito de deshacerme de aquellos que hayan dejado de tener interés para mí. Ello me obliga a ir repasando el contenido de cada uno en una primera ojeada, pero algunos siento la imperiosa necesidad de releerlos.

Esto me ha pasado con el Informe sobre la fe que publicó la BAC en 1985, a los veinte años del Concilio Vaticano II, con las opiniones del entonces cardenal Joseph Ratzinger, en diálogo con el periodista Vittorio Messori, sobre los resultados del Concilio y la deriva de la sociedad en Europa y América. No sé si entonces pensé que las cosas que decía el Cardenal no afectaban a España, al menos en la deriva social, pero lo cierto es que olvidé el libro.

Hoy al releerlo 25 años después me doy cuenta de que estamos inmersos en los problemas que denunciaba y que se han agravado. Aunque hay muchas cosas a comentar me voy a referir hoy a las dos rupturas que se han producido en el mundo desarrollado al destruir el vínculo entre sexualidad y matrimonio y entre sexualidad y procreación. Ratzinger advertía que la sexualidad desligada de ambos puntos de referencia, sin una razón objetiva que lo justifique, se convertía en un poder omnipresente, cuya única razón subjetiva es la satisfacción del deseo, en una respuesta lo más “gratificante” posible para los instintos del individuo, a los cuales no se puede oponer ningún freno racional y cada cual es libre el contenido que se le antoje. Cualquier forma de sexualidad es entonces igualmente válida y se transforman en “derechos” del individuo todas las formas de satisfacción sexual.

Al desgajarse del matrimonio fundado en la fidelidad por toda la vida, la fecundidad deja de verse como una bendición para transformarse en una amenaza a la libre satisfacción del “derecho a la felicidad de individuo”. He aquí por qué el aborto provocado, gratuito y socialmente garantizado se transforma en otro “derecho”, en otra forma de “liberación”. Cuando leí esto en 1985 la ley del aborto que se aprobó en España no se formulaba como “derecho” sino como simple despenalización de conductas reprochables, pero que podrían tratarse como conflictos de valores a proteger y así se pronunció el Tribunal Constitucional al reconocer al niño concebido y no nacido como titular de derechos protegibles.

Después de un periodo de aplicación torticera de aquella ley del aborto se ha llegado en este año a la situación lamentable que apuntaba el Cardenal de transformar en derechos todas las formas de satisfacción de la sexualidad.

Otro aspecto que señaló en destrucción del vínculo entre sexualidad y procreación es el de desandar el camino en sentido inverso, es decir, procreación sin sexualidad, de donde provienen los experimentos médicos y la manipulación biológica. Efectivamente resulta escandaloso que la misma sociedad que se queda indiferente ante el genocidio del aborto, se entusiasme con los avances médicos para la reproducción llegando a configurar como otro “nuevo derecho”, el de tener un hijo a la carta, en el momento que les apetezca y de la forma que sea, olvidando que el derecho básico es el del niño a tener un padre y una madre que lo acojan con amor.

Hay en el libro muchas cosas que revisten el interés más actual respecto a la sociedad y a la Iglesia Católica. Quizás escriba nuevos comentarios, pero lo mejor es que lean el libro Informe sobre la fe.

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