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Del sibaritismo y la cortesía
Mario López
Las embajadas son los templos modernos del sibaritismo, como no puede ser de otra manera; para cualquier país, ganarse la voluntad del foráneo es de vital importancia. Y en la cumbre del sibaritismo se encuentran las embajadas de Oriente Medio. De esto sabe mucho la familia Arístegui. Don Pedro Manuel murió a consecuencia de la explosión de un misil que impactó en el lujoso comedor de su residencia en Beirut, mientras practicaba el sibaritismo en compañía de unos familiares.
Un amigo mío que años después trabajaba para el MI5, estuvo a punto de dejarse el pellejo en la aduana de Israel por culpa de una inocente broma. Volvía de practicar el sibaritismo en el comedor de la residencia de Gustavo Arístegui en Amman. El hijo del ya fallecido don Pedro Manuel le obsequió con un exclusivísimo Viña Tondonia, que tan solo había catado un jeque árabe, y que, como es lógico, no se podía rechazar. Después de tomarse un par de copas de ese exquisito elixir riojano, a los postres, don Gustavo le volvió a obsequiar con un licor, cuyo precio podría figurar en el catálogo de Rolex, y que, como es natural, tampoco se podía rechazar. El caso es que, multiplicados los efectos espiritosos de la bebida por la presión a la que sometió su cuerpo bajo el hondísimo túnel que recorrió antes de llegar a la aduana de Israel, mi amigo, por decirlo de una manera llana, estaba completamente borracho. Y, ya se sabe lo que les ocurre a los borrachos de naturaleza ristolera. Mi amigo, como no podía ser de otra manera, decidió hacer una gracia. Así que cuando le preguntaron si tenía algo que declarar, él quiso contestar que llevaba un chicle. Con tan mala suerte que, en lugar de pronunciar gum (chicle en inglés), su lengua de trapo pronunció gun (pistola). Le salvó la vida la sagacidad de los policías, que reconocieron prontamente el olor del sibarita. Y es que el templo del sibaritismo sólo encuentra cabida en el jardín de la cortesía. Es lo que se llama, en el lenguaje del insigne arquitecto español César Ruiz- Larrea, la estructura del lugar.
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