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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Víctimas de nuestra inacción

Edward Schumacher-Matos
Edward Schumacher-Matos
lunes, 26 de julio de 2010, 00:49 h (CET)
BOSTON -- El artículo aparecía enterrado casi por completo en la mayoría de las cabeceras, si es que aparecía.

Tantos cadáveres de inmigrantes irregulares se están descubriendo en el desierto de Arizona en julio, informa The Associated Press, que la Oficina del Forense del Condado de Pima los está apilando igual que cajas de pescado en un camión refrigerado.

Hasta 40 cadáveres se descubrieron durante la primera mitad del mes.

El pasado año, 317 estadounidenses fallecieron combatiendo en Afganistán. Adivina cuántos inmigrantes, mexicanos en busca de empleo en su mayor parte, perdieron la vida tratando de entrar ilegalmente en América? La Patrulla de Fronteras recogió 422 durante el último ejercicio fiscal, parte de una tendencia al alza.

Y la mayoría fallece en el desierto. Así es como describe lo que sucede Luis Alberto Urrea, en su libro "La autovía del diablo":

"La deshidratación reduce todo flujo interno a lodazales de circulación lenta... El sudor se agota... La temperatura se dispara -- se alcanzan los 40, 41, 42 grados... Los músculos, faltos de agua, se alimentan de materia muscular. Se astillan y empiezan a pudrirse... El sistema se colapsa en cadena. Los riñones, la vejiga, el corazón".

Pero aún así, los muertos pesan muy poco en el debate de la inmigración. Reina una difusa sensación de escándalo, de tragedia o, desde luego, de urgencia por alcanzar una solución. Los radicales de los dos extremos se imponen, pidiendo unos más medidas de seguridad; diciendo los otros que las medidas no funcionan.

Los primeros son los que más se escuchan hoy, haciendo de ello el gran culpable, pero los segundos -- los colectivos humanitarios, por ejemplo -- tienen parte de culpa. No parecen encontrar ninguna legislación de orden público de su gusto, prescindiendo de cualquier responsabilidad.

La administración Obama, como la Bush antes, se ve atrapada entre los dos frentes, un Gulliver atado por liliputienses e incapaz de llevar la batuta del enfrentamiento.

Si los legisladores de nuestra nación se sintieran libres de votar de conciencia e inteligencia, es seguro que el 80% del Senado por lo menos y las dos terceras partes de la Cámara votarían ya a favor de la batería de reforma integral de la inmigración. Incluiría un robusto programa de trabajador temporal, vigilancia laboral ampliada, reclutamiento de los inmigrantes de formación superior y una vía a la regularización para los alrededor de 10,8 millones de inmigrantes en situación irregular residentes aquí.

Habría disputas a cuenta de los flecos, pero el acuerdo en estos principios no es ningún secreto entre los iniciados del debate en Washington. El resto del país simplemente no lo sabe.

En las encuestas, la mayoría de los estadounidenses dice más de lo mismo a propósito de estos principios, pero nuestros legisladores sumarios, incapaces de ver más allá de las elecciones de noviembre, se acobardan tímidamente ante los extremistas presentes entre sus electorados.

¿Qué puede ayudar a algunos a encontrar su valor? El presidente tiene primero que recuperar el suyo.

Un buen sitio por donde empezar es la frontera mexicano-estadounidense. El primero de los 1.200 efectivos regulares de la Guardia Nacional desplazados por Obama a la frontera llega el 1 de agosto. El presidente debería de hacer un gesto dramático y desplazar 10.000 efectivos más. En lugar de los 500 destinados a Arizona, debería reforzar los efectivos destacados allí al menos hasta los 3.000 que piden los Senadores Republicanos John McCain y Jon Kyl.

El gesto es político sobre todo -- los efectivos regulares de la Guardia no tienen entrenamiento en vigilancia de fronteras -- pero medidas políticas es lo que hace falta hoy. Esto tranquilizará al grueso de los estadounidenses al ver que el gobierno tiene el control, y brindará a los legisladores el amparo que necesitan.

Además, el golpe de efecto temporal podría disuadir en la práctica a más inmigrantes de cruzar el desierto y perder la vida.

Lo segundo que debe de hacer el presidente es llegar a un rápido acuerdo con la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en torno a un programa temporal de trabajador invitado. La cámara se dejó llevar de forma irresponsable en su reciente diatriba apuntando que la administración es contraria a la libre empresa, pero el ala empresarial del Partido Republicano debe ser consolidada frente a los restriccionistas de la inmigración dentro del movimiento de protesta fiscal, en esta cuestión y muchas más.

Los patronos quieren un programa así, y ninguna batería de medidas policiales va a funcionar sin canales legales que les ayuden a cubrir las vacantes que los estadounidenses no pueden ocupar o no van a ocupar a niveles salariales competitivos.

La alternativa es no hacer nada y ver más escenas como la de Jorge García, un diabético de 29 años. Camino el año pasado de reunirse con su familia, fue encontrado en la Cordillera Japul, en la frontera con California, muerto a consecuencia de lo que los forenses dijeron fue falta de insulina. Apretada entre sus dedos había una foto de sus hijas.

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