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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

De los controladores aéreos

Mario López
Mario López
lunes, 26 de julio de 2010, 00:48 h (CET)
Que los controladores aéreos sean la Bienpagá de los aeropuertos no quita para que les asista los derechos fundamentales de los trabajadores; pues, aunque afortunados, son asalariados. Y tienen derecho a la huelga, como el que más. Otra cosa es que meen fuera del tiesto, convirtiendo la baja sanitaria en la pandemia de su particular y privilegiadísima corporación.

Pero para eso está el cuerpo de inspectores laborales, ¡no las Fuerzas Armadas! Eso de cubrir puestos profesionales en huelga con militares era cosa de Franco, pero no debería serlo en tiempos de la Segunda Restauración borbónica. Si hay que contratar más controladores y replantearse sus actualmente estratosféricos salarios, que se haga, pero sin sacar los tanques a la calle, por favor. Que ya sabemos lo proclive que fue, es y será nuestra clase política a las asonadas militares, en cuanto que entrevén la horma de su zapato, pero, hombre, un poco de contención.

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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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