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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Infiernos permanentes

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
sábado, 24 de julio de 2010, 08:20 h (CET)
Releo en muchas ocasiones la introducción del inolvidable Víctor Hugo en su obra “Los Miserables”. Hacía referencia a la degradación del hombre por el proletariado, decadencia de la mujer provocada por el hambre y atrofia del niño creada por la ignorancia; como los tres problemas del siglo. Son casi dos siglos, han caído muchas cenizas desde los INFIERNOS CREADOS en este tiempo por los hombres; añadidas a las carencias previas y constitutivas de la Humanidad. Eso hace que las penalidades no falten, proliferan las desgracias y atrocidades. Si sufrimos esa presencia continua de los infiernos sociales, no será inútil que nos volvamos a su planteamiento; algo más tendremos que pensar, decir y hacer, si pretendemos arreglos meritorios.

Los 3 problemas continuan y en mayores escalas. Las ideologías degradaron a la humanidad, las ideas fueron arrumbadas con descaro, para abrasarnos con IDEOLOGÍAS inmovilistas e intolerantes. Ahora, la decadencia es de los dos géneros, de la mujer y del hombre, provocada por ambos en cruel competencia. La atrofia de los niños será por la ignorancia de una saturación insustancial; que quizá afecte a todas las edades. Habrá que decir… ¿Lo decimos de una vez? ¿Seguimos impasibles? ¿Seremos tan estúpidos para no pronunciarnos?

Quedan bien los primeros contactos con las estructuras ideológicas, son fascinantes las visiones iniciales de los SEÑUELOS con los que se presentan; unos se ofrecen con el esplendor de los divino, los hay comunitarios con una hermosa y entrañable hermandad, progresistas adueñados de las esperanzas, portadores de una libertad sin obstáculos, o de una ciencia que lo sabrá todo. Las tentativas en este sentido son enérgicas y cumplen bien su papel de atracción potente. El señuelo sirve también como estandarte, señal y marca, comienzo y resumen. Son las fachadas atrayentes. Su relación con el contenido motiva el comentario de los infiernos. Son muchas maneras de observación y permiten la valoración peculiar de dichos signos por cada persona.

Nadie discutirá la existencia de razones de peso ni de ciertos FUNDAMENTOS, recogidos en las susodichas entidades ideológicas; engloban sesudos pensamientos, estudios trabajosos y proyectos de alcurnia. Sin embargo, ese conjunto permanece agazapado, intocable, como una reserva suprema e independiente; con el consiguiente alejamiento con respecto a la experiencia cotidiana de la vida, un rasgo intransferible desde cada individuo, por mucho que se pretenda disfrazar la ideología. Por el contrario, el meollo de los fundamentos es dinámico, relacionado con la vida, sino ¿Con qué? De donde surge el interrogante crucial, ¿Quién los elaborará en cada sector? Aquello de hacerlo entre todos, no es fácil de percibir en la práctica, el algo alejado de los usos comunes.

En algún lugar se habrá podido ver como las respuestas se elaboraban desde las bases personales; aunque de haber existido, muy pasajero y diminuto sería, porque no se aprecian vestigios por parte alguna. No me parece extraña la apreciación de Víctor Hugo, la degradación de la dignidad humana se intensifica por parte de las áreas instituidas que prescinden de las personas participativas. Si se multiplican las ideologías se reduce el espacio para la creación y la responsabilidad de cada humano. Los TITIRITEROS de cada organización, con inusitada vocación para mover los hilos, son quienes pasan a la acción, ofrecen las respuestas ya confeccionadas o silencian los hechos y verdades a su antojo; se han atribuido ellos mismos unas cualidades, de manera improcedente. Parte del despropósito está en los propios “títeres”, que no pasamos de muñecos y no contestamos de forma contundente ante las mencionadas apropiaciones indebidas. La degradación, ciega las ideas propias en aras de un conjunto manipulado por unos pocos. Este juego mantiene la movida con unos escasos mangoneantes, que actúan sobre un gran número de muñaquitos vivientes y por eso degradan a cada paso la sabiduría humana, con las funestas consecuencias que observamos en la sociedad del siglo XXI. Vienen a ser disloques perpetuos, no aparece casi ningún concepto liberado de las trapisondas.

Aquello de la decadencia de la mujer provocada por el hambre, se ha convertido a todas luces en algo mucho peor y radical. Como decía, la decadencia es ahora del hombre y la mujer al alimón, por el mal trato que se dan mutuamente, desde la crispación a la desconsideración, con una VIOLENCIA de GÉNERO en terrible aumento. Salimos a una media de 2-3 asesinatos al mes, sobre todo de mujeres, pero algún hombre también. ¿No habrá manera de revertir esta tendencia? Estamos ante un ejemplo claro de descuido en las relaciones y esa es una labor de la pareja y del conjunto de la sociedad. Hay muchos otros descuidos, pero este es trágicamente grave y va en aumento. Si nos quedamos en el tú más y peor, poco conseguiremos. A la amplificación por el tratamiento informativo de los desgraciados sucesos, le sigue un mimetismos tenso y provocativo; mientras se desdeña el trato y la consideración de otros factores, cortesía, ternura, educación, proyectos en común, compromiso, así como otros toques de razón y responsabilidad.

El tercer problema mayúsculo, las deficiencias que inciden desde la infancia, por mala educación o por los pésimos ejemplos del entorno; se centra en una inadecuada formación. Ahora bien, la IGNORANCIA es POLIÉDRICA, se muestra bajo diversas caras y no se acaba con la niñez, sigue con los adultos. Una de las principales carencias es la del esfuerzo personal, se menosprecia, pero el maná aparece pocas veces, cuesta encontrarlo. La cualidades tampoco se compran, su disfrute y su ejercitación exigen esmero y tenacidad. Aunque no lo parezca, sabemos que el aprendizaje no es una mera acumulación de datos. Tampoco los jóvenes aprendices son una suma uniforme de personas, sus características y habilidades difieren.

Ahora que se ha resuelto el enigma de Poincaré y se habla de las tres o más dimensiones de los objetos físicos, sería conveniente una mayor consideración del ENIGMA de las DIMENSIONES de cada persona, enigma que se multiplica por cada individuo presente. Son dimensiones enigmáticas, eso sin duda; aunque de una rotunda realidad, basta con escarbar un poco. Si no las tenemos en cuenta, los encontronazos y la frustración se impondrán. Derivemos de ello una conclusión sabida, la ignorancia y el conocimiento son complejos; se forjan con la presencia o ausencia de datos y objetos, de conceptos y teorías. Con todo, la ignorancia, el aprendizaje y el conocimiento no podrán eludir las dimensiones peculiares de cada sujeto, son imprescindibles para la consecución de un ensamblaje social digno.

La salida de los infiernos, elaborados con tantos y continuados descuidos; y mejor sería, la prevención de evitarlos a toda costa, pasa en gran manera por las 3 propuestas comentadas hoy. Antiguas como la Humanidad, citadas por Víctor Hugo y modificadas en la actualidad, con peores auspicios debido al agrandamiento de los retos. Que no nos silencien con ideologías cerradas a la participación real. Que evitemos la decadencia del trato deplorable. Que la ignorancia supere sus parcelas empobrecedoras. Conviene tratar de esto mientras sigan las penurias.

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