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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Herencia “histórica” de seis años de socialismo

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 24 de julio de 2010, 08:19 h (CET)
No sé si los españoles, al menos algunos que parece que no se enteran de la misa la mitad, se han percatado de la evolución y el cambio radical experimentado por nuestro país desde que los socialistas se hicieron con el timón de la nación. Es cierto que hemos ido recibiendo, a pequeñas dosis, la “medicina” del programa socializante del señor Rodríguez Zapatero. Al principio de la primera legislatura, se nos presentó en plan bonachón, con promesas de hablar con todos, de escuchar a la oposición y de conseguir el pleno empleo para que no hubiera ni un solo español que no tuviera trabajo, sin embargo, esta primera fase sólo fue un espejismo que quedó roto cuando se destapó el tema de la negociación soterrada con los asesinos de ETA, con la colaboración del señor Fiscal General del Estado permitiendo que los presos de la banda fueran tratados a cuerpo de rey y, si era preciso, para no estorbar aquel concubinato contra natura, mirar hacia otro lado para no detener a ninguno de ellos y, si era preciso, avisarles para que huyeran de la policía ( Plan Faisán) Al respeto, no pierdan de vista los manejos de presos en las cárceles, la suavización del cumplimiento de sus condenas con terceros grados y otras martingalas; lo que puede llevarnos a pensar que, el señor Rubalcaba, el Rasputín del gobierno socialista, algo se trae entre manos, a pesar de darse golpes en el pecho, negando cualquier tipo de contactos con la banda etarra.

Pero no nos desviemos del tema principal y veamos lo que nos han procurado a los españoles estos seis años de socialismo. Si partimos que, en el 2004, España estaba en uno de los momentos más dulces de su Historia; si se tiene en cuenta que, durante el último mandato del PP, se recuperaron 5.000.000 de puestos de trabajo; si admitimos que la Seguridad Social, cuando cesó Felipe González, estaba en situación de quiebra técnica y cuando el señor ZP se hizo cargo del gobierno de España, en el 2008, no sólo había salido de la mala situación en que la recibió el señor Aznar, sino que, incluso, salió reforzada con un fondo de garantía de más de 30.000 millones de pesetas, que debería nutrirse, en años sucesivos, a base de los superávit de la Seguridad Social.; si pensamos en el hecho incuestionable de que, cuando cesó el gobierno socialista de González, España no cumplía ni uno solo de los requisitos exigidos por el tratado de Maastricht (febrero 1992) para poder ser admitida en la CE y, en solo la legislatura del gobierno de derechas, se consiguió el “milagro económico” de superar todos los obstáculos, mejorar nuestras estructuras y elevar el tono de nuestra economía, de manera que España fue admitida en Europa con la calificación de notable, en mejores condiciones que muchos de los países que ya militaban en la Unión Europea. Si queremos referirnos al problema nacionalista no quedará mas remedio que aceptar que las ambiciones de vascos y catalanes de progresar en sus conquistas soberanistas quedaron frenadas, si bien, debemos reconocer que se podría haber sido más tajante en esta materia, a la vista de los resultados posteriores de algunas muestras de debilidad que el gobierno de Aznar tuvo con sus socios catalanes.

Las relaciones entre comunidades eran relajadas, descontados algunos brotes del nacionalismo vasco y catalán, de modo que, si bien debíamos padecer los crímenes de ETA, sus chantajes y amenazas; también deberemos convenir que la labor policial que se llevó a cabo y las detenciones de numerosos etarras que tuvieron lugar durante la legislatura, permitieron que, al final del segundo mandato del señor Aznar, la banda estuviera debilitada, menos activa y, evidentemente, en estado preagónico (después, con ZP, resucitó y se pudo rearmar, ya sabemos a lo que se debió); el país vivió un era de prosperidad como hacía años no se había conocido y, el prestigio de España en el exterior subió tantos enteros que llegamos a ser una de las naciones más influyentes de la UE. Esto referido a la herencia que le dejó a ZP el señor Aznar.

Contemplemos los resultados de menos de dos legislaturas en manos del PSOE. Partamos de un elemento básico para valorar al señor ZP y es que, aparte de su experiencia como miembro del partido; su currículum dentro del propio partido era de los más anodino que se podía encontrar. Fue gracias a sus facultades de intrigante que consiguió hacerse con la Secretaría General del PSOE con el apoyo de la corriente interna Renovadores por la Base, lo que le permitió vencer al actual presidente del Congreso, don José Bono. Zapatero, aparte de su innegable habilidad política, ha carecido de dos de los elementos esenciales para ser un buen gobernante: una preparación económica adecuada y rodearse de consejeros expertos en las diversas materias del espectro político, social, económico y financiero de una nación y… por supuesto, ¡escucharlos y hacer caso de sus consejos!

El super ego de ZP se ha ido desarrollando a través de su mandato, hasta el punto de pensar que es capaz de dirigirlo todo y, por añadidura, imponer su criterio, prescindiendo de las recomendaciones de quienes conocen la materia. Los resultados los tenemos a la vista: ha negociado con ETA de espaldas al PP; ha negado reiteradamente que existieran dichas negociaciones; se ha conchabado con los partidos minoritarios, para excluir de la vida política al PP; ha negado rotundamente la llegada de la crisis; minimizando sus efectos y cuando ya no pudo negarlo dijo que sería transitoria; para ganar la segunda legislatura, prometió pleno empleo y aseguró que las finanzas y la economía de España no serían afectadas por la crisis inmobiliaria; tomó precipitadamente, medidas de ayuda a la banca sin sopesar sus efectos ni ponerles condiciones; prometió la intemerata cuando le convino y se comprometió, ante los trabajadores, a ayudas económicas que nuestra economía ni el Tesoro, estaban en condiciones de permitirse; se le disparó el paro, sin que supiera evitarlo y, a partir de entonces, toda una retahíla de medidas, parches, rectificaciones, improvisaciones, descoordinaciones y pifias han marcado los últimos meses de su gobierno, hasta ahora en que la vida de los ciudadanos se ha puesto candente con el tema del Estatut catalán, un engendro secesionista que nunca debió salir del Parlament catalán y que se ha convertido en un semillero de discordias para España. Sus errores de previsión y sus chapuzas en materia económica y financiera, han llevado a España a la puerta de la quiebra; hasta el punto de que hemos debido pasar por las horcas caudinas de vernos supervisados desde Europa, a causa de nuestra imposibilidad de atender los vencimientos de las deudas contraídas.

Y si queremos referirnos a los temas sociales, morales, éticos, religiosos y de libertades basta citar algunos que demuestran el sectarismo; adoctrinamiento; desprecio de las leyes; su insensato fomento de la rebeldía en la juventud, enfrentándola a sus mayores y profesores; su anticlericalismo y revanchismo guerra-civilista, que ha conseguido implantar un mosaico de distintos tipos de familias de todos los tipos; han puesto en cuestión la unidad de España y la solidaridad entre los españoles; han tirado por la borda el prestigio de nuestra nación en el exterior; han convertido su anticlericalismo en un laicismo beligerante contra la Iglesia Católica; han desprestigiado la Justicia politizando los órganos de gobierno y los tribunales; hacen caso omiso de las sentencias judiciales, incluso las del TC,. Y a todo ello, añadamos la promulgación de una serie de leyes de carácter intervencionista, que pretenden inmiscuirse la vida privada de los ciudadanos, limitando sus derechos individuales. ¡Y nadie protesta!

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