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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

La vieja historia de todos los días

Kathleen Parker
Kathleen Parker
sábado, 24 de julio de 2010, 08:46 h (CET)
WASHINGTON - Se dice a menudo que no hay noticias nuevas, sino diferentes formas de contar la misma. Las historias familiares persisten a través de la literatura: el hombre contra la naturaleza, el mendigo que se hace rico, la búsqueda del héroe y demás.

Y luego está Alvin Greene - el don nadie que se convierte en alguien de la noche a la mañana sin más credenciales que la pura suerte. Nuestra literatura no es ajena al tipo.

Forrest Gump, de la novela homónima de 1986, es el prototipo del "alguien" accidental - un joven dulce y "sencillo" totalmente falto de malicia o segundas intenciones que logra de alguna forma ir de éxito en éxito. De héroe de guerra a campeón mundial de ping-pong pasando por empresario, Gump perturba a todas las mentes menos la suya, ocupada considerando los misterios existenciales de una caja de bombones.

Unos años antes, Chauncey Gardiner fue el improbable héroe de la obra de Jerzy Kosinski de 1971, "Being there". Convertida posteriormente en una cinta homónima, "Being there" es el relato de un jardinero que se convierte en el candidato favorito a presidente estadounidense tras una improbable cadena de malentendidos.

El primero se produce cuando Chauncey es despedido de la mansión donde ha vivido (y trabajado en el jardín) toda su vida, a causa de la muerte de su benefactor. Cuando alguien le pregunta su nombre, "Chance el jardinero" suena como "Chauncey Gardiner". A partir de entonces, cada uno de los Gardiner proyecta en este tipo de "don nadie" que no tiene donde caers muerto sus propias necesidades y expectativas. En sus mentes, Gardiner es el rico aristócrata que necesitan que sea, y sus mundanas observaciones de jardinería son sublimes metáforas llenas de ingenio y sabiduría atemporal.

Los perdidos somos nosotros.

Llegamos así a Alvin Greene, cuya historia es ya familiar: sin campaña, sin anuncios, sin pancartas en el jardín, sin página web y sin fondos, aparte de los 10.000 dólares que logró reunir para poder registrarse. Veterano del paro que vive con su padre en Manning, S. C. , un municipio rural de unos 4.000 habitantes, era prácticamente un desconocido hasta que 100.362 de sus conciudadanos del estado, sin haber sabido de su existencia antes, votaron a Greene.

Siendo Greene el primer sorprendido quizá, este caballero distante e inexpresivo de muy pocas palabras derrotaba a Vic Rawl, magistrado de primera instancia y ex representante del estado cuyo nombre, al parecer, tampoco sonaba. En caso de duda, al parecer, Carolina del Sur actúa según los apellidos.

Tras semanas de especulaciones y asombro por la forma en que este caballero se materializó sin previo aviso, Greene habló finalmente el domingo ante una concentración de unas 500 personas y fue recompensado con una ovación en pie. No dijo mucho, pero la gente escuchó lo que necesitaba oír. Greene dijo que quería "recuperar nuestro país de los terroristas y los comunistas" y llevarnos por la buena senda.

También quiere crear empleo "verde" y ha sugerido lanzar muñecos de sí mismo. Bueno, ¿por qué no? Un veterano del ejército que vuelve a casa para convertirse en el primer candidato afroamericano al Senado por Carolina del Sur desde la Reconstrucción es motivo de leyenda.

De hecho, Greene, que se sacó una licenciatura en Políticas por la Universidad de Carolina del Sur, acumulaba un impresionante número de distinciones antes de partir a su destino militar.

Fue mientras estuvo destacado en Corea del Sur que Greene dice que empezó a pensar por primera vez en un futuro en política. Veía que el país se iba al cuerno y se dijo, si no lo hago yo, ¿entonces quién? Y por Dios, ¿quién dice que Greene no puede traer algo de aquel sentido común que lleva tanto ausente y aquellos estimados valores rurales a Washington?

Si Greene derrota al titular Jim DeMint - y cosas más raras se han visto en Carolina - los Republicanos tendrán que dar gracias porque uno de sus corolarios favoritos se habrá cumplido. El del famoso comentario de William F. Buckley adorado por los conservadores, que dice que preferiría estar gobernado por los 2.000 primeros nombres de las páginas amarillas de Boston antes que por el claustro de Harvard.

En un momento en que "lo ordinario" es guay -- y la insignificancia una distinción académica - Greene es todo un referente. Cuando casi todo hijo de vecino relacionado con la administración Obama ha pasado por Harvard, Greene es el veneno de las ocho antiguas.

Joe el Fontanero, le presento a Alvin el Lerdo.

Buckley podría haber sido sincero en su debilidad por los estadounidenses de a pie antes que por la élite, pero H. L. Mencken podría haberse topado con una verdad más extendida en su destilado de este relato sólo posible en América: "La democracia es la teoría que dice que la gente corriente sabe lo que quiere, y merece obtenerlo en cantidades industriales".

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