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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

¡Sieg heil!

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
viernes, 23 de julio de 2010, 02:12 h (CET)
Al PSOE lo que le gusta es prohibir, así, a la pata la llana; tanto, que nadie sabe qué sería de él si no pudiera entrometerse permanentemente en las vidas privadas y familiares de los ciudadanos. Eso de la libertad o el libre albedrío, para él, no es otra cosa que el que todos obren y se conduzcan como él falsamente cree correcto, y, así que puede -y ahora puede- lo impone con mano de hierro, ya sea mediante el adoctrinamiento infantil y sénior, mediante el real decreto ley o recurriendo a las artimañas que sean menester para montar su camaleónica dictadura. ¡Sieg heil!, pueden replicar únicamente los ciudadanos.

Desde que alcanzaron el poder allá por el 82 hasta hoy, no han dejado de hacerlo, si bien Zapatero y su Estado Mayor está dejando tamañuelo al nefando Felipe González. No es que Isidoro fuera manco, ni mucho menos –ahí están sus resultados: contratos basura “coyunturales”, corrupción a manos llenas, OTAN no pero sí, etc., etc., etc.-, pero el actual Gobierno de miembros y miembras está alcanzando cotas nunca imaginables en un régimen de libertades. “La ley es para cumplirla” (excepto cuando a ellos no les agrada, que tratan de burlarla), dicen, si bien sobre la ley, y a mucha distancia sobre ella, está la soberana conciencia que rige y domina la experiencia vital de cada alma. Como ya he dicho muchas veces, leyes tuvieron Nerón, Hitler, Stalin o Castro, y por más que fueran leyes que pudieran penar al ciudadano, estaba pero que muy bien que fueran vulneradas por el soberano libre albedrío si éste se regía con rectitud hacia fines más nobles. Una sana rebeldía, o, como dicen los sabios del Derecho, desobediencia civil por motivos de objeción de conciencia.

El PSOE ha irruido contranatural en los domicilios de cada ciudadano, legislando lo que es privativo de cada familia, así en cuanto a la relación padres-hijos, como el atropello –para muchos de nosotros criminal- como lo es el asunto del aborto, especialmente cuando se trata de menores; ha utilizado el poder para manipular perversamente las mentes de los más inocentes, adoctrinándolos con principios que muchos consideramos deplorables; se ha erigido contranatural en conciencia universal, decretando qué es bueno o qué no lo es; y hasta ha osado –como la ignorancia- a determinar qué es sano o qué no respecto de cómo o con qué nos alimentamos. Ha saltado todas las barreras de la libertad de largo, convirtiéndose en un enemigo de ella. Los actos del PSOE no descubren a un partido democrático que respete al individuo, sino a una suerte de dictador que le considera un objeto de su propiedad al que puede imponerle lo que sea, como sea y cuando sea.

Su irreverencia conculcadora de libertades ha llegado al extremo de apellidar los derechos, los cuales, en ese mismo momento en que fueron etiquetados, han quedado en nada. Tal sucede con la mal llamada discriminación positiva (por tanto negativa para la otra parte), la cual no es sino simplemente y llanamente discriminación, con todas su peyorativo significado, y la que no ha producido otra cosa que injustos excesos contra los inocentes y ningún obstáculo contra los culpables potenciales, a tenor de los resultados. Pero es que esto mismo sucede con todo lo demás que ha emprendido, desde sus campañas anti-cachete, anti-tabaco, anti-hamburguesas, anti-dulces, anti-refrescos o anti-huelgas. Incluso se ha inventado esa muletilla que los muy mediatizados arguyen sin cesar: “su derecho termina donde comienza el mío”, sofisma donde los haya que no tiene ni pies ni cabeza. De tenerlo, y darle el menor crédito, todo sería prohibible, absolutamente todo, que tal vez sea lo que anhelan en su oscuro fondo.

La lista de sus atropellos a la libertad más elemental sería interminable. El mundo ha funcionado perfectamente sin su participación, y con ella chirría como los ejes sin grasa de una carreta. Prohibir, es la limitación del libre albedrío, la base sobre la que se fundamenta la existencia humana; adoctrinar, es coartar la libertad en su esencia más pura, atentando contra el ser humano para convertirlo en un obediente estúpido; legislar que sea mayor de edad sexual una nena de trece años o que pueda abortar una menor de dieciséis, un atentado brutal en toda regla contra la vida, la familia y la infancia; y, al mismo tiempo, defender la muerte del nonato o del enfermo terminal, no es otra cosa que, sumado a lo anterior, ser partidario de la muerte y enemigo de la vida; pero éstas, dolorosamente, son las señas de identidad del PSOE. Dividir para vencer, vencer para subyugar: ¡Sieg heil!

Sin embargo, el PSOE nada hace por educar en libertad, nada por evitar que se incluyan en los alimentos sustancias ciertamente tóxicas y dañinas, nada por no favorecer los intereses espurios que se camuflan tras de la mayor parte de sus prohibiciones, y nada por hacer de España un espacio común más habitable por todos. En muchas dictaduras no se alcanzan estas intolerables y reprobables leyes contra el libre albedrío. El PSOE, según develan sus actos, sólo desea obtener una respuesta de la ciudadanía: ¡Sieg heil!, ¡sieg heil!, sieg heil!

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