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Ingrid Betancourt y la justa compensación
Mario López
Que Papá Noel me perdone, pero a mí siempre me ha mosqueado la señora Ingrid Betancourt (y no es porque se apellide igual que mi calle). Si no hubiera pasado nada, pues no hubiera pasado nada, y yo habría pensado que mi intuición me había engañado como tantas otras veces.
Pero, no. Esa mujer ha estado secuestrada un buen tiempo por las FARC y, cierto es que se merece una reparación. Pero que después de montar el escándalo que montó en su país de origen, Colombia, al exigir nada menos que 6,8 millones de dólares por su cautiverio, haya rechazado el ofrecimiento del Gobierno de su otro país, Francia, de 450000 euros por insuficiente, es cosa que sitúa al personaje en esa viscosilla categoría humana de los abonados al avieso pelotazo permanente. A ver, el mundo empieza a contar a partir de cuatro o cinco millones de dólares, y por debajo de eso, la nada. Verdaderamente, es verdad que 450000 euros es menos dinero que los 600000 que se han llevado los campeones del último Mundial de fútbol; y, encima, ellos haciendo lo que más les gusta. Yo, porque ya se me ha pasado el arroz, que si no fuera así ahora mismito me hacía secuestrar por las FARC (no creo que fuera difícil llegar a un acuerdo con ellos) y dentro de dos años, una vez liberado, aceptaría esos 450000 euros, ¡aplaudiendo con las orejas y firmando libros en el Retiro! Oye, pues igual se pone de moda. Estaría de coña que todos los parados del mundo se hicieran secuestrar por las FARC y, luego, a por la pasta. De aquí a dos años, todos millonarios. Está visto que si no acabamos con la crisis es porque no queremos.
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