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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

El porqué de elecciones anticipadas

Miguel Massanet
Miguel Massanet
miércoles, 21 de julio de 2010, 22:15 h (CET)
Evidentemente a un Rodríguez Zapatero acorralado, sin ideas que poner en práctica y sujeto a las imposiciones del ECOFIN, no le conviene convocar elecciones anticipadas porque en estos momentos las iba a perder de calle. Esto no quiere decir que el no convocarlas sea algo bueno para España y para los españoles y, en consecuencia, para nuestra maltrecha economía, para la gran masa de 4.600.000 personas en desempleo y para los miles de empresas que cada día vienen sufriendo el peso inaguantable de tener que competir en condiciones de desigualdad con el resto de las otras empresas del resto de las economías del mundo. Lo que sucede es que, si lo miramos bien, el pequeño trauma de unos meses, no muchos, de campaña electoral y de interinidad de un gobierno, después de que el jefe del Ejecutivo declarara la disolución de las cámaras, no se iban a notar demasiado debido a la, casi nula, actividad que viene desempeñando, encorsetado por lo que se nos ordena hacer desde el BCE y Bruselas, por una parte, y el inmovilismo político en el que nos encontramos, donde toda la actividad parlamentaria pasa por los intentos de ZP de conservar el poco poder y crédito que le quedan, para negociar con los partidos de la oposición la concesión de prebendas, tanto políticas como de tipo económico, para lograr que le apoyen en sus intentos de sobrevivir a este tsunami de rebelión interna que, implacable, parece que se está esparciendo en aquellas autonomías que ven, en la debilidad del gobierno socialista, el medio para ir avanzando en sus pretensiones separatistas. Y, de hecho, lo van consiguiendo.

Descartada cualquier posibilidad de oposición interna a la política de ZP en el seno del PSOE, en el que predomina la idea de aferrarse a cada cargo por encima de la consideración altruista de lo que precisan los ciudadanos españoles para sobrevivir a la crisis; ya que los tímidos intentos de algunos de los varones de protestar por el evidente deterioro de lo que son las relaciones del Estado central y la autonomías, quedan en simples amagos ante la tozudez del señor Zapatero de hacer aquella político que él estima que va a favorecer más a sus ambiciones personales. Ante la imagen de debilidad, desconcierto y falta de fe en lo que está obligado a hacer por imposición de la UE, nuestro Gobierno se ve sometido a los embates, cada día más fuertes y repetidos, a cargo de aquellos a los que les gusta la debilidad del Ejecutivo y no desean de ninguna manera que se produzcan comicios anticipados, ante la evidente probabilidad de una victoria del PP que cortaría de raíz, al menos esto es lo que debiera hacer, esta peligrosa deriva a la que nos lleva el PSOE con sus constantes cesiones al chantaje de los políticos secesionistas de algunas comunidades. Lo cierto es que, ante la impasibilidad de nuestros gobernantes, Catalunya y el País vasco, más la primera que los segundos, han ido incrementando sus cuotas de poder, imponiendo su ley y arrebatando, a dentelladas chantajistas, y cada vez con mayor ahínco y ferocidad, sendos bocados de los poderes que le estaban reservados, exclusivamente, al Estado.

Y es que, cuando más precisábamos de la unidad de todos para afrontar el grave problema financiero y económico que padecemos; cuando necesitamos, ineludiblemente, que nuestras industrias recobren el ritmo, mejoren sus expectativas, reciban créditos para modernizarse, dispongan de la facultad de flexibilizar sus plantillas, tanto en orden a la movilidad interna de la misma como en cuanto a la posibilidad de corregir los desequilibrios causados por una plantilla excesiva, en circunstancias en que las ventas flaquean y se hace imprescindible, con toda urgencia, provocar un estímulo para que se creen nuevos puestos de trabajo que ayuden a paliar el efecto de una masa de desempleados que, en algunos casos, carecen de las ayudas precisas para poder sobrevivir dignamente. Para afrontar estos problemas de tanta envergadura sólo disponemos de un Gobierno débil, desgastado, inconexo y, lo peor de todo, que ha conseguido ganarse a pulso la desconfianza de la mayoría de los españoles, que ya no lo consideran capaz de hacerse cargo de la gran tarea de levantar a España del gran hoyo en el que han dejado que cayera.

Ya no se trata de si son socialistas, de derechas o si pertenecen al sector liberal. Hoy en día, en España no hay tiempo para perder; utopías a las que agarrarse; partidismos a los que acogerse o filosofías a las que recurrir. Se trata, lisa y llanamente, de acometer la tarea ciclópea de enderezar el rumbo de España y, esta tarea, no admite preocupaciones electoralistas ni dilaciones sectarias ni recursos a trucos de prestidigitación para intentar continuar manteniendo a los ciudadanos engañados, para así prolongar la lenta agonía de este Gobierno. Veamos si nos entendemos. En España tenemos un cáncer en vías de metástasis, al que no se le aplican las terapias que nos marca el sentido común y “el manual del perfecto gobernante”. Catalunya, el País Vasco y, con harto pesar mío, mi tierra, las Baleares; se han alzado, de hecho, en contra de la legalidad marcada por la Constitución de 1978. Mientras España gozó de gobiernos fuertes, sus posibilidades de avanzar en sus pretensiones secesionistas fueron más bien escasas y su avance quedó ralentizado; pero, con ZP, han encontrado la vía para conseguir avanzando en sus pretensiones y, en sólo seis años, lo que no habían logrado desde el Siglo XVIII, a pesar de que la semilla de este separatismo estaba larvada en una parte de los catalanes, lo están logrando durante la legislatura de Zapatero, secuestrado por sus votos en el Parlamento ( 25). El apoyo interesado y egoísta de ZP ha permitido resurgir de aquellos rescoldos el fuego del independentismo que, convenientemente atizado por una camada de políticos que, aunque distintos en ideologías y dispares en los métodos, todos coinciden en la búsqueda del poder a través de una supuesta independencia de Catalunya.

De modo que nos encontramos con un Gobierno débil; en horas bajas; incapaz de aplicar las medidas precisas en el orden laboral y económico, por estar supeditado a los dos Sindicatos UGT y CC.OO; desprestigiado en toda Europa; dirigido por el peor presidente que ha tenido España; impotente para aplicar sus propias ideas, si es que las tuviera, por estar supervisado por la UE; luchando por poder detener un déficit, para lo cual los recortes del gasto público debieran ser mucho mayores, con supresión de muchos ministerios, gastos prescindibles y reducción de funcionarios; precisado a endeudarse, cada vez más, para atender lo más perentorio y, por si fuera poco, obligado a intentar darle la vuelta a una sentencia del TC al que había estado intentando dirigir en el tema del Estatut catalán – para que los nacionalistas catalanes no lo dejen en la estacada y le obliguen a dimitir. Demasiados condicionantes, señores, demasiadas servidumbres, demasiadas improvisaciones y actuaciones sectarias, para que España pueda seguir soportándolas durante un año y medio más.

Sólo un nuevo gobierno salido de las urnas, formado por gente capacitada, preparado para hacer abstracción de un pasado nefasto y hacerse cargo, con mano firme, del timón de la nación, para dar el viraje que precisa; sin temor a aplicar las medidas duras para reactivar la actividad de nuestro sistema económico; de forma que, infundiendo confianza y facilitándoles créditos a las empresas y reformando la legislación laboral; generen nuevos puestos de trabajo, se pongan al día en productividad y consigan la competitividad precisa para competir en Europa. El resto se nos dará por añadidura.

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