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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

¿El socialista que mima al sector privado?

E. J. Dionne
E. J. Dionne
miércoles, 21 de julio de 2010, 22:13 h (CET)
WASHINGTON -- Los titanes del sector privado dicen que el Presidente Obama va contra la libre empresa. Muchos progresistas dicen que mima al sector privado. ¿Cómo logra la administración hacer algo así?

Suele decirse que "el centro" es el lugar más cómodo de la política estadounidense. Pero esto da por sentado que el centro es estable, que la mayoría de la gente de cualquiera de los extremos del continuo filosófico concede a los políticos centristas el beneficio de la duda, y que en la práctica a los votantes les interesa que alguien sea "centrista" o no.

Ninguno de estos postulados es cierto. El centro político es un lugar raro y salvaje porque muchos de los que se encuadran en él tienen combinaciones de ideas enormemente diferentes. Ningún político tiene el beneficio de la duda en los tiempos que corren. Y la gente que se preocupa de forma apasionada por la ideología de un político no se encuentra en el centro, sino que cae a su derecha o su izquierda.

Esto explica el motivo de que la posición real de Obama -- a favor de la libre empresa pero creyente de que debe estar regulada de forma más estricta que en la última década más o menos -- no tenga nada que ver con la forma en que se perciben sus opiniones.

La derecha le declara "socialista" a causa de su simpatía por la regulación, su fe en que los ricos deben pagar más impuestos y su crítica puntual al sector financiero o la industria petrolera. La izquierda le declara un vendido por sus esfuerzos desde el principio por reanimar al sector financiero, porque a la izquierda le gustaría que la reforma financiera aprobada la pasada semana fuera aún más estricta, y porque el presidente no combatió por una "opción pública" a incluir en el proyecto de reforma sanitaria.

En cuanto a aquellos que están en el centro, lo que ven sobre todo es paro elevado, crecimiento paupérrimo y futuros déficits. Si el paro se situara en el 5%, si el crecimiento estuviera disparado y como resultado, los déficits se redujeran, a estos electores les importaría un pimiento si es socialista, un vendido, o un vendido socialista. Simplemente no cabrían en sí de gozo.

Pero esto no debe verse como coartada de Obama para presentarse como el progresista moderado e incomprendido, aunque sea más o menos lo que es. La tarea más importante del presidente incluye persuadir a la opinión pública de que hace lo correcto y mejorar la situación de los políticos que le apoyan al hacerlo. Aquí es donde Obama no ha estado a la altura.

No es raro que los legisladores Demócratas del Congreso se enfadaran cuando Robert Gibbs, el secretario de prensa de la Casa Blanca, proclamó a los cuatro vientos que los Demócratas perderán la Cámara de Representantes en las elecciones de este otoño.

Por supuesto que lo que dijo Gibbs es perfectamente preciso, y los Demócratas lo saben. Lo que les enfureció es que un portavoz de Obama pueda decir tranquilamente lo que dijo sin advertir a la presidenta de la Cámara Nancy Pelosi de que está a punto de entrar en la lista de especies en peligro de extinción, y sin indicarles primero las implicaciones políticas de sus declaraciones.

Hay buenas razones para alertar a los estadounidenses de la perspectiva de una mayoría Republicana en la Cámara y lo que podría significar. Pero los legisladores querían ser informados de esta estrategia -- si es que era una estrategia.

En realidad, las declaraciones de Gibbs fueron simplemente una chispa arrojada a la maleza de un bosque reseco. El problema subyacente es que los aliados de Obama que le han dado la oportunidad de ser un gran presidente aprobando la reforma sanitaria, la reforma financiera y una ley de estímulo -- con considerable riesgo político para ellos mismos -- se sienten abandonados con toda razón por una Casa Blanca más interesada en los intereses del presidente largo plazo que en la supervivencia de ellos.

Obama se ha concedido menos de cuatro meses para reparar estos desperfectos. Hacerlo le exigirá redefinir el significado de la moderación política y situarse él y su partido claramente dentro de su ámbito.

Mientras el centro político se defina como el término medio entre Republicanos como el Senador Jon Kyl, que no cree que haya que compensar las enormes rebajas fiscales a los ricos, y un progresismo moderado del estilo del de Obama, el debate nacional entero se decantará hacia los conservadores: (extrema derecha) mas (centro-izquierda) es igual a (centro-derecha).

Y mientras Obama no defina el "Obamaísmo", sus críticos lo harán por él. Ahora mismo, es un atajo de logros reales sin una fuerte motivación subyacente. Es una ampliación de la administración sin explicación de la forma en que este gobierno modestamente mayor va a mejorar tanto el bienestar de los particulares como el crecimiento del sector privado.

Si Obama no quiere ser considerado como el socialista que mima al sector privado, tendrá que ser más persuasivo al decir a los estadounidenses lo que es realmente.

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