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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Cristianismo culpabilizador

Octavi Pereña
Octavi Pereña
miércoles, 21 de julio de 2010, 00:21 h (CET)
“Me educaron sin religión, pero sufro el complejo de culpa cristiano”, afirma la actriz Ariadna Gil al periodista Lluís Amiguet que la entrevistó. Son muchos quienes hablan del complejo de culpa cristiano. Pienso que debe matizarse esta afirmación y hablar claro. Cuando se dice del complejo de culpa que crea el cristianismo se debe especificar a que cristianismo se refiere quien carga con dicho complejo.

Hay un cristianismo que ha bebido en las fuentes del fariseísmo existente en tiempos de Jesús que se basaba en miles de preceptos que abarcaban todas las áreas de la vida. Dichas normas fueron encuñadas por los maestros que los precedieron y que se convirtieron en normas de cumplimiento obligatorio .Esta rama del judaísmo que se distanció por completo del judaísmo profético era muy numerosa y ejercía una fuerte influencia aún en aquellos que eran creyentes no practicantes.

Jesús, al numeroso auditorio que se congregaba a su alrededor para escuchar sus palabras que tenían más autoridad que la de los escribas y fariseos, les dice. “Porque yo os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 5:20). Con estas palabras Jesús condena la religiosidad del judaísmo oficial de su tiempo diciéndole que su religiosidad no resultaba en la salvación y la vida eterna de sus practicantes. El estricto cumplimiento de los miles de preceptos recogidos de los maestros de Israel en el transcurso de los siglos no servían para bien de sus practicantes. Todo lo contrario, aún cuando nos pueda parecer extraño los mantenían alejados del reino de los cielos.

De este judaísmo que se basaba en el estricto cumplimiento de normas y preceptos que afectaban a todas las situaciones de la vida, Jesús dice a quienes se han convertido en sus portavoces que “atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres, pero ellos ni con un dedo quieren moverlas” (Mateo 23:4). El legalismo religioso, sea de la índole que sea, asfixia a quienes hacen las obras que están obligados a cumplir. Las obras que se hacen con esfuerzo de esclavo ahogan en vez de vigorizar a sus practicantes. Les roban las fuerzas. En vez de hacerlas con gozo, se practican porque no hay más remedio y con fatiga extenuante. De este cristianismo legalista estoy de acuerdo con Ariadna Gil. Sí crea un complejo de culpa cristiano. Por tanto es deplorable. Pero no todo el cristianismo es de esta índole.

La actriz Ariadna Gil, sin duda alguna desconoce el cristianismo que libera de las cargas que los religiosos han depositado sobre las espaldas de los hombres. Como este cristianismo no es tan conocido como el otro, da la impresión de que no existe. Sí que existe, pero sólo lo encuentran los que están hartos del legalismo eclesiástico y buscan con fervor un cristianismo diferente y liberador. En palabras de Jesús: “Quien busca, encuentra”.

Jesús hace una invitación a sus oyentes al decirles: “Venid a mi todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). Esta oferta puede aplicarse a dos tipos de agobios. Está el ahogo que produce el deseo de realizar la multitud de preceptos de obligado cumplimiento que impone la religión legalista. Jesús libera de tal esclavitud porque con su muerte de cruz exime a los que creen en Él de realizar de manera legalista los legítimos preceptos de la Ley de Dios. Jesús, pero, además de liberar de las cargas del legalismo religioso libera del agobiante peso que el pecado pone en el alma. La sangre que Jesús derramó en el Gólgota y que aplicada por el Espíritu Santo limpia todos los pecados, además de la purificación le acompaña la liberación del sentimiento de culpabilidad. Con ello, un descanso espiritual imposible describir llena el alma de la persona que ha sido limpiada por la sangre de Cristo. De ahí la importancia que tiene que todos aquellos que se sienten agobiados por el peso del pecado acudan a Cristo con el fin de que sus almas encuentren el descanso que necesitan con urgencia. Muchos, como la actriz Ariadna Gil dirán en su ignorancia que el cristianismo genera complejos de culpabilidad. Lo podrán decir, pero el cristiano liberado por la sangre de Cristo del pecado y del complejo de culpabilidad que le acompaña, el decir del incrédulo no lo afecta para nada: Le entra por un oído y sale por el otro.

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