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Infantilismo parlamentario

Wifredo Espina
Wifredo Espina
@wifredoespina
lunes, 19 de julio de 2010, 23:50 h (CET)
Respetar la democracia y el estado de derecho vigentes es lo serio. Por muchos defectos y carencias que presenten. Sobre todo por las instituciones legales, cuyo fundamento jurídico y atribuciones han emanado de aquellos. Lo demás, es insumisión o infantitilsmo.

Es en lo que ha incurrido con su respuesta al Tribunal Constitucional el Parlamento catalán, dicho sea con el merecido respeto. Más que insumisión, aparece como un infantilismo. Sería atrevido decir un desacato a su polémica sentencia sobre el Estatut; más bien es un trágala.

Y un derecho al pataleo de parvulario. No se ha atrevido a una rebelión en toda regla (que lo habría desacreditado y deslegitimado), pero ha replicado al Constitucional que se mantiene en sus trece. Aunque “sus trece” sea repetir literalmente el preámbulo del Estatut, que habla de “nación” y de “derechos históricos”, cuyo alcance jurídico el Constitucional ha enmarcado en su interpretación (discutible) de la Constitución, sin negarles sentido conceptual, político, histórico y cultural. En este punto es un cierto avance en el reconocimiento identitario. Pretender ir más allá es el puro derecho al pataleo. El “más allá” legal es la reforma del texto constitucional.

No hay que olvidar que la Constitución fue negociada con los nacionalistas catalanes y vascos, aprobada mayoritariamente por el pueblo catalán, mientras el Estatut tuvo una votación popular bajo mínimos (que formalmente no lo invalida), que los conceptos de “nación” y “derechos históricos” (por impotencia política o ingenuidad) fueron incluidos en el Preámbulo, y que esto fue negociado entre Zapatero y Artur Mas en La Moncloa, reconociendo expresamente que carecían de valor jurídico..

Es, de definitiva, lo que ha confirmado el Constitucional, al que ahora se desafía, después de decir que, pese a la disconformidad con su sentencia, se la “acata”. En consecuencia, simple pataleo e infantilismo parlamentario. Esta es la “unidad” (gràcias a Montilla) a que se ha podido llegar después de la “histórica” manifestación, que ha de “marcar un antes y un después”.Y cuyo análisis en profundidad está por hacer.

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